Los judíos desaparecidos en la Argentina

El ascenso y llegada al gobierno en Austria del pro nazi Partido de la Libertad, liderado por Jörg Haider, ha reanudado el viejo debate en torno al nazi-fascismo, tanto en Europa como en América.

La toma de conciencia de la existencia de movimientos de carácter racista, que se nutren del odio al inmigrante africano o de Europa oriental (como es el caso de Austria), ha recorrido toda Europa, empezando por España, donde los incidentes contra los trabajadores rurales en el Sur tomó forma trágica con los sucesos de El Ejido, a mediados de febrero.

También en esta parte del mundo la nueva realidad política de Austria generó reacciones varias: el gobierno de Fernando de la Rúa, en la República Argentina, por ejemplo, acaba de ordenar el regreso de Viena de su embajador, Juan Carlos Kreckler, después de recibir del diplomático un informe en que, entre otros desatinos, el funcionario calificaba de «exageraciones de la prensa» las denuncias contra Haider y que este «es un demócrata, pues jamás dijo buscar un cambio de sistema en su país».

Del cúmulo de pronunciamientos de repudio a este renacimiento del fascismo, del racismo y del antisemitismo, nos interesa examinar las reflexiones del rabino Daniel Goldman, de la Comunidad Bet El, publicadas días pasados en Página/12.

Después de expresar su regocijo por las expresiones de repudio que en todas partes del mundo se han formulado, el rabino señala: «Pero al mismo tiempo una pequeña dosis de indignación me produce el poder vislumbrar que cuando estas cosas ocurren en Latinoamérica, el concierto de las naciones no se da por enterado. ¿O acaso la última dictadura en Argentina no fue una variante aleatoria del nazismo criollo? Se sabía mundialmente que en ese período a los secuestrados y desaparecidos se los torturaba en los diversos centros clandestinos al son de marchas prusianas, entre paredes cubiertas por cruces gamadas y retratos de Hitler. Y aunque los sabían, algunos países civilizados proveían armas y callaban. Sólo una década después lo lamentarían.

Así también, los mismos sectores de la comunidad judía organizada, que hoy de manera activa y genuina manifiestan contra lo que sucede en Austria, ayer cerraban sus puertas a madres y abuelas que rogaban la colaboración en la denuncia y amparo en sus instituciones. Hubo entonces honrosas excepciones, como la Antidifamation League (…) Aplaudo las iniciativas actuales y participo de estas manifestaciones, pero creo que en la comunidad judía local sería necesario un reconocimiento de los errores y las omisiones cometidas en los años de plomo, para establecer una altura ética diferenciada y poder elevar la voz de un modo consecuente y libre.

En el contexto de este debate, la prensa internacional da cuenta hoy de expresiones de Noemí Blumental, presidenta de la Comisión Parlamentaria, encargada del contacto con los judíos que viven fuera de Israel.

En las mismas se informa del debate en torno a la creación de una comisión especial para estudiar la posibilidad de iniciar un juicio en Israel en contra de los militares argentinos responsables de la muerte de 2000 judíos durante la última dictadura militar.

En ese sentido, tanto las autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel como el Ministerio de Justicia y para asuntos de la Diáspora, junto con los familiares de desaparecidos en Argentina que viven en Israel, se plantean la posibilidad de iniciar un juicio como el que llevando adelante España, sobre la base de considerar que «Israel tiene el deber moral de exigir por los judíos desaparecidos en la Argentina. No se trata de un derecho sino de un deber ineludible, que el gobierno, el Parlamento y las instituciones israelíes deben asumir».

Compartimos enteramente estas expresiones.

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