El acto del Presidente
El 7 de marzo el presidente Tabaré Vázquez rendirá cuentas ante los uruguayos sobre su gestión.
Será, una vez más, en la calle y ante la ciudadanía, con un claro perfil y una sensibilidad artiguista.
La modalidad de la rendición de cuentas ha molestado a la oposición y a algunos analistas políticos, que creen ver en esta gestualidad una postura nada republicana.
Tabaré Vázquez, como cualquier otro presidente, tiene todo el derecho de elegir dónde y cómo realizar su intervención.
No hay ningún impedimento constitucional para que se le niegue el camino que ha elegido.
Pero tampoco se puede poner en duda el apego del Presidente a la Constitución y la Ley, más cuando su gobierno ha sido un firme defensor de la institucionalidad.
Incluso más: es el primer gobierno que supo desarrollar con valentía la investigación sobre la violación de los derechos humanos durante la dictadura.
Vázquez se va a ir de la Presidencia de la República el 1º de marzo de 2010, siendo reconocido por el clima de libertad y de tolerancia que se instaló durante su administración.
Y ese clima lo logró dialogando con la ciudadanía, con todo el sistema político, con las organizaciones sociales y con los vecinos de todo el país.
Querer encerrar a Tabaré Vázquez dentro de las cuatro paredes de la casa presidencial es una jugada política de mal gusto, injusta con un hombre que ha entregado toda su inteligencia y capacidad de trabajo para sacar al país de la crisis que heredó del gobierno del doctor Jorge Batlle.
Es de esperar que la oposición serene sus angustias y comprenda que por primera vez en muchas décadas deja la Presidencia alguien que se va con el 60% de adhesión.
El país necesita, en este año, un presidente que se mantenga ajeno a la lucha política electoral, pero no un primer mandatario enmudecido por las presiones políticas de sus adversarios.
Pero el país también necesita de un sistema político oposición y oficialismo que tenga una mirada amplia, generosa, que confronte ideas y programas con severidad, pero también con firmeza y respeto.
Oportunidad tendrá la oposición de discrepar con el informe del presidente Tabaré Vázquez y eso le hará bien a la democracia y al libre pensamiento.
El Uruguay saldrá así fortalecido, orgulloso de que se está ante un presidente que da la cara, que expone sus ideas ante la gente, que no tiene la idea del poder como una permanente manipulación que se construye desde la sombra.
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