¿Invasión?… abracadabra… ¡antisemitismo!

Docente coordinador del seminario de Ecología y DDHH de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista, editor de la revista Futuros.

Es muy significativo el cambio de eje que ha ido tomando lo que comenzó como una invasión militar completa en un territorio sitiado, hambreado y diezmado como estaba la Franja de Gaza al 27 de diciembre de 2009.

Ante esa situación, con toda lógica las preguntas resultaron: ¿por qué?, ¿cómo? Como ya sabemos, la primera víctima de toda guerra es la verdad y la alusión del Ministerio de «Defensa» israelí a la «ruptura de la tregua» por los cohetes Qassam como causa de guerra se demostró rápidamente falsa: la tregua había sido repetidamente violada y los cohetes que habrían desencadenado la invasión resultaron apenas la contestación, inocua, a un raid israelí, éste sí mortal, porque terminó con la vida de varios palestinos, presuntamente activos en la resistencia.

 

Pero los porqués palidecieron ante la invasión propiamente dicha; el cómo: asesinato colectivo e inmisericorde de civiles, niños incluidos, bombardeo tan reiterado que se puede empezar a entender sistemático, de usinas, hospitales, ambulancias, mezquitas, escuelas, internados, algunos tan escandalosos que hasta los patrocinadores de algunos de los «objetivos», como la ONU, debieron hacer siquiera un simbólico acto de presencia y de reconvención amical a los perpetradores.

Los informes médicos empezaron a mostrar el rostro atroz del emprendimiento: … palabras del médico noruego Mad Gilbert comentando heridas jamás vistas: «fracturas muy graves. Los músculos son en cierto modo separados de los huesos». Y el médico alemán Jam Brommundt, desde Kham Younis: «proyectil que dispersa pequeñísimas partículas que penetran en todos los órganos, no es posible tratar quirúrgicamente esas heridas miniatura.» «Inicialmente, todo parece estar bien, pero al operar resulta que docenas de minipartículas pueden encontrarse en todos sus órganos.» «Las partículas causan múltiples fallos orgánicos. Los que llegan a sobrevivir sucumben rápidamente por septicemia, pero si llegan a salir vivos de la diezmada red hospitalaria quedan expuestos a «un rabdomiosarcoma (RMS) un cáncer particularmente mortífero que se encastra profundamente en el tejido y es casi imposible de tratar. Un estudio en 2005 del Departamento de Salud de EEUU estableció que el tungsteno estimula cánceres RMS incluso en dosis muy pequeñas.» (Conn Hallinan, «Israel trató a Gaza como su propio laboratorio privado de muerte»).

Estas monstruosidades provienen de: un «explosivo de metal inerte de alta densidad, DIME, por su sigla en inglés». Made in USA, por supuesto.

No quiero que mis hijos crezcan aprendiendo que si fuiste perseguido en el pasado tienes derecho a perseguir a otros. Y es por eso que estoy hoy aquí como judía».

Es decir que el repudio al comportamiento israelí de debilitar, quebrar, abusar, maltratar, humillar, a palestinos y finalmente, cuando éstos no se dejan morir mansamente, arrasarlos con armas fríamente diseñadas como cancerígenas, por ejemplo, pertenece, afortunadamente, a judíos y a quienes no lo somos.

La única precisión a las sinceras palabras de Hirschmann podría ser por qué hubo que esperar al momento letal de violencia inocultable para condenar la política sionista, por qué, como bien explica Jalid Amayreh, no se reaccionó ante la política israelí, de; «Estrangular Gaza hasta prácticamente la muerte mientras se finge ser la víctima» (el título de su nota).

 

Pero no. Vemos una cantidad de «referentes», intelectuales, políticos, analistas, que no se sienten impelidos a condenar (o defender) la invasión y las etapas previas, pero que en cambio, sí «advierten» un recrudecimiento del antisemitismo.

Apelando hasta a atentados, como al Zhitlovsky que más parecería un semita atentado que un atentado antisemita.

Invocando un supuesto rebrote antisemita en Buenos Aires que ni judíos ni no judíos que repudiamos toda forma de antisemitismo, logramos discernir.

Aclara Laura Ginsberg, deudo de la AMIA y fundadora de Apemia: «En nuestro país […] no se ha registrado una sola víctima del supuesto «tsunami antisemita». […] DAIA y la Embajada de Israel vulgarizan el concepto de antisemitismo al confundir deliberadamente el repudio popular a los ataques del Estado de Israel con los ataques a individuos o a instituciones por su condición religiosa o étnica.»

No se debería jugar a la mosqueta con cuestiones tan graves. Cuestión de vergüenza.

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