El gobierno intentará activar la fortaleza social
Las expectativas económicas se están acomodando razonablemente a escenarios aún muy inciertos pero cuyas características más notorias se observarán en el nivel de actividad, el frente fiscal y la volatilidad de los precios relativos. Por ahora al menos, la mayoría de las opiniones de quienes hacen un análisis integrado del riesgo económico y la política coincide en que los escenarios serán difíciles o muy difíciles, pero admiten que los uruguayos tenemos un margen razonable en el cual discutir y ejecutar políticas de ajuste. Más allá de la calidad o la precisión de cada análisis de riesgo, importa detenerse un poco en esa identificación de los márgenes de acción disponibles; ya no sólo márgenes de acción del gobierno y sus equipos técnicos sino, esencialmente, de la sociedad.
Desde la reconquista de la democracia, este país ha sufrido una serie de crisis que han sometido la sociedad y su trama institucional a un conjunto de tests considerables. Esas crisis internalizadas en un país que debió recomponerse de una fractura inédita de su sistema usual de gobierno enlentecieron procesos, destruyeron riqueza y volvieron a sumir a centenares de miles de compatriotas en las profundidades de la pobreza y la indigencia. Las instituciones educativas, la dinámica de acumulación de saberes, sufrieron rupturas aún más considerables; no sólo como producto de la emigración calificada sino de la discontinuidad de la estabilidad, estadío único sobre el cual es posible construir pensamiento. En suma, dos décadas largas de tensión entre la modernización y el regreso: historia de confrontación y dificultades para utilizar en plenitud esa peculiar trama social construida por todos los orientales, con las excepciones juzgadas.
¿Hay en esa trama social subutilizada elementos que explican esa coincidencia relativamente optimista de la mayoría de los analistas? ¿Hay en la desgastada estructura institucional del Estado y su relación con la sociedad elementos que contribuyan a explicar ese optimismo prevalente de la opinión pública?
Es necesario trabajar un poco más en la explicación de por qué Uruguay aún no ha sido afectado en los niveles presumibles dada la envergadura de la crisis. Entre otras cosas, porque es notorio que ese razonable cambio de la perspectiva de riesgo no se compadece aún con las conductas de las familias, las cuales continúan develando mayor confianza aún. A esa coincidencia del análisis económico y la percepción social del riesgo hay que prestarle atención. Allí debe fincar parte importante de los diagnósticos sobre los cuales se diseñan las políticas.
En el transcurso de la última crisis, el país estuvo no sólo al borde de la insolvencia sino de la ruptura de la trama social básica; los países no resisten con facilidad episodios de duplicación de la pobreza en un año; no resisten sus sistemas de gobierno caídas tan precipitadas de la reputación de sus conductores. Sin embargo, este país emergió de aquella última gran crisis activando un modelo de tolerancia social basado en lo que quedaba de confianza sobre la capacidad de gestión del Estado. Sobre esto, mejorándolo incluso en algunas áreas de intervención jurídica, ha podido la administración actual ejecutar sus políticas de inclusión.
Ahora nos enfrentamos a otro tipo de crisis pero el problema es el mismo: el de la confianza, el de la respuesta activa, tolerante e inteligente de la sociedad a estímulos adecuados. El gobierno se apresta a exponer algunas precisiones de su política frente a una crisis que se profundiza. La sociedad será demandada nuevamente. Y allí veremos la calidad de esos estímulos y si, efectivamente, el esfuerzo por la inclusión, la recomposición de las redes quebradas ha sido suficiente para contar con una respuesta social como la que demanda.
Compartí tu opinión con toda la comunidad