Internas blancas
Las internas de cada colectividad política tienen sus características propias y matices más o menos marcados que los contrarios se apuran a satanizar a los efectos de acarrear agua para sus «molinos» sacando partido.
Ley de juego que le dicen. Y aunque recién empiezan las críticas partidarias, es de prever que irán subiendo los decibeles a medida que se acercan los comicios. Bueno, entonces, señalar que esas diferencias entre sectores internos, no obstante son indispensables y necesarias, no deben caer en situaciones irreversibles y ofensivas que sí marcan diferencias sustanciales y nefastas. Por algo, en cada colectividad existen de siempre diversidad de candidatos.
En buen romance, el serno político es el mismo, pero con variantes en lo pragmático que hace oscilar el «péndulo» de derecha a izquierda, permitiendo que el electorado pueda elegir sus preferencias según el paladar respectivo. Los blancos no escapamos de esos perfiles puntuales. En el caso de Alianza Nacional marca un enfoque de centro izquierda bien definido como continuación de un viejo serno wilsonista. Por lo pronto, es notoria una oposición frontal en lo inmediato a un planteamiento fondo monetarista. Lo cual no quiere decir, en política se sabe que no se debe ser absoluto, y puede pasar en caso de una crisis terminal, como la sufrida en su momento en el gobierno de Batlle, se puede por inevitable, recurrir a ese expediente. Pero el FMI sólo debe usarse en casos de CTI, propio de un «defaut» agobiante. Larrañaga interpreta y creo que con sobradas razones vividas en el país, que insistir con el yugo fondomonetarista es volver a encorsetar nuestra economía a niveles de exigencias sufridas y, en los hechos, hasta una comprometida enajenación de soberanía atada a voluntades e inversiones que el país puede resolver sin el dogal «gringo».
El Dr. Lacalle en cambio, así lo ha revelado, desea manifestarse favorable a preferencias fondomonetaristas en función inversionista sin temor, cosa con la que enfáticamente discrepo, a dependencias inevitables imperialistas propias e incitadas en esos organismos internacionales donde el FMI es su más emblemático ejemplo. Como nacionalista no nos gusta y a Larrañaga, es obvio que tampoco. Otro aspecto a verse de futuro, es que de la crisis no se sale, error grave del Frente, particularmente de Astori, en lo interno por sí solo. O participan ecuánimamente todos los partidos, o no se sale. Es como cuero tirado por los chanchos de cada punta. Termina roto o desgarrado. Y en los tiempos que corren, el «paisito» no se puede dar el lujo de esas enconadas y ancestrales divorcios. Todos somos orientales.
Aquel adagio monstruoso de «alambrar los campos», pa’ este lado los que los construimos y pal’ otro los que lo quieren destruir», fue un disparate inadmisible.
¡Es justo al revés!
¡A desalambrar diferencias juntando esfuerzos para sobrevivir!
¡Ya vendrán épocas de «vacas gordas» con los matices diferenciales!
Pero si nos peleamos ahora, «nos comen los de afuera», al decir del Martín Fierro.
Sostiene Larrañaga que en un gobierno blanco suyo, será de coalición. Con las individualidades más aptas elegidas en sus respectivas colectividades. O sea, todos en el mismo barco remando parejo con sus personalidades respectivas.
No acepta por ese caso la transformación del «paisito» en plaza financiera integrando la patria con capitales golondrinas apátridas, que sólo buscan el intercambio fiduciario, en su beneficio usurario, en lugar del país productivo, que es lo que sanamente merece y aspira una economía sana de futuro. Sacar el jugo de nuestra tierra y riquezas propias, sin entregas al explotador internacional agazapado en las redes bancarias y afines, verdaderas «bambalinas económicas». No parece racional transformar un país chico y débil en algo tan dependiente e influenciable a poderosas gobernabilidades de las que dependerán las plazas financieras de marras. Lo real es lo nuestro.
Nuestra productividad y donde hay que invertir para obtener una nación saneada. Debemos también señalar que Alianza no es partidaria de un privatismo salvaje. El pueblo incluso demostró tampoco serlo en épocas recientes. Recuérdese los fenómenos de Ancap, OSE y demás etcéteras. Por supuesto hubieron y hay entes deficitarios en los que fue necesaria la inyección privada. Pero no en todos precisamente. Esas excepciones fueron aconsejables. Pero en los fundamentales y prósperos, no. Un ítem gravitante es lo internacional. Mercosur sí, pero sin ningún fanatismo ni amores de falsas hermandades que jamás existieron ni existirán. Bosnia y piqueteros al canto como ejemplo. Cuando juegan los intereses, nos matan por la «mascada del león».
Larrañaga sostiene y con toda razón, que no hay más remedio que vivir en el «barrio». No nos podemos mudar. Pero la política debe ser desregularización absolutamente abierta: libertad de comercio para acordar con terceros países más allá de los límites continentales. Somos una nación soberana.
¡Cuidemos nuestra independencia de todo interés totalitario económico tanto de derechas como de izquierdas!
Buena cosa entonces es marcar estos perfiles naturales con alturas y sin agravios, dándole a la ciudadanía las opciones mencionadas, particularmente a los nuevos votantes que arriban a nuestras costas partidarias. Los conservadores, tanto en lo interno como en política exterior, saben a qué atenerse y dónde marcar sus preferencias. No son obviamente las de Alianza.
En cambio, los partidarios de enfoques sociales, fomentación de productividades nacionales, dialoguistas y partidarios de coaliciones progresistas en aspectos políticos, tendrán en la figura joven, no comprometida y con visión de futuro como es Larrañaga, una opción vital.
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