¿A quién asusta la democracia?

La generosa figura del Senador José Mujica alcanza hasta para que hagan prensa a sus expensas quienes pretenden ofenderlo. Por innumerables motivos ­algunos concretos y sabidos, otros intangibles y sentidos­ seguramente a pesar del mismo, la personalidad y obras del precandidato presidencial, cercano a ser el próximo presidente del Uruguay, son tan populares como la misma popularidad. Y a beber se va a la fuente.

Me refiero al intendente de Rivera diciendo que, si el Senador Mujica en las próximas elecciones es electo presidente de los uruguayos, se irá del país, señor a quien, con todo respeto le sugeriría ir haciendo las valijas. Al parecer a Viera le molestan de Don Pepe Mujica su estilo, su forma de expresarse, su lenguaje. Según él no nos representa bien, no se siente representado por él. Algo le estará pasando a los uruguayos si es elegido.

Aunque es natural que un partido político en extinción, como el colorado, necesite tribuna y para ello se recueste al árbol más frondoso dentro de las fuerzas de izquierda, tales expresiones son intensamente antidemocráticas.

Si desea emigrar, la libertad es libre, por lo tanto nada lo impedirá, pero motivar su abandono del país en un hecho que, de todo punto de vista enaltece a la ciudadanía uruguaya, como es la consecuencia del ejercicio soberano de la voluntad de la población emitida por medio del voto, va contra toda lógica incluso político partidaria, sin hablar de principios constitucionales de acatamiento de las decisiones de las mayorías en una república que de tal se precie.

El autoexilio era un sentimiento y actitud propia de la época de la dictadura, esa de la desesperanza traspasada por el miedo a morir torturados y encarcelados. Vaya si hay diferencia. ¿Quién puede asustarse de la democracia hoy resucitada y en proceso de profundización?

Para fortalecer la confianza, salud cívica y vigencia de la dialéctica republicana, la elección del pueblo, sea cual sea, debe ser respetada y aplaudida por compañeros y adversarios o se estará atentando contra las bases de un estado de derecho.

Un actor político experimentado renegando del resultado de los propios mecanismos institucionales por los que lucha y pregona, da la impresión que perdió la brújula. Decir que algo le habrá pasado a los uruguayos si Mujica sale electo presidente es una grave ofensa hacia ese electorado, pues reciente del criterio de la mayor parte de la ciudadanía, además de traslucir descrédito hacia los organismos estatales y estructuras creadas para servir a los fines de la democracia. Se terminó el tiempo de los iluminados capaces de guiar a los desprevenidos hacia un mejor destino otrora trazado por sus colegas de banderas partidarias, comprobadamente caducas por ineficientes. La gente sabe lo que necesita y los caminos para lograrlo y ya no compra en oferta discursos difíciles y bonitos.

Es cierto que le pasaron cosas muy tristes al Uruguay y por eso hoy necesitamos cambios de verdad.

Todo parece indicar al senador José Pepe Mujica como primero entre los primeros y eso es suficiente motivo para ir contra él, desde la óptica de los que no supieron o no quisieron brindarle lo mejor al país, cuando dominaron las instituciones de Gobierno, en las que se perpetuaron casi hasta nuestros días.

El panorama no se vislumbra muy alentador para los que no gustan de Pepe 2009 Frente Amplio.

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