La solución de la crisis no pasa por fórmulas perimidas
Parece que la crisis mundial le ha venido muy bien a la oposición como argumento para hostigar desde otro ángulo al gobierno. Entendámoslo bien, por oposición no podemos circunscribirnos exclusivamente a los precandidatos blancos y colorados. Hay otros jugadores en la cancha, que bombardean desde sus túneles de una manera «algo más elegante». Nos referimos a un grupo de economistas, y opinólogos que se mantuvieron callados durante los años pasados pero, al igual que los hongos con las lluvias, han surgido como de repente buscando socavar en el imaginario público todo lo importante que ha hecho este gobierno, a saber: fortificar el sistema financiero, alivianar el pago de la deuda, generar un importantísimo flujo de inversiones extranjeras que no vienen a especular sino a producir, dando trabajo a los uruguayos, modernizar la gestión burocrática del Estado y al mismo tiempo buscando los caminos para que ésta sea cada vez más trasparente para la ciudadanía. En fin, sería imposible enumerar todo lo hecho, pero resumiendo se podría afirmar que se sentaron las bases para convertir al Uruguay en un país moderno, cristalino, sin tarjetas de recomendación, ni cargos públicos (contratos de obra) para los familiares, amigos y correligionarios.
Concretemos con algún ejemplo: un asesor importante de la Cámara de Comercio definió como «impresentables» a los precandidatos frenteamplistas, hace unos días atrás y, luego, la principal referente de este conglomerado de importadores y grandes comerciantes, la economista María Dolores Benavente, planteó la necesidad de rebajar los salarios de los trabajadores para asegurar rentabilidad a las empresas (la propuesta de Lacalle de endeudarnos «por las dudas» con el FMI no vale la pena ni discutirla).
Paralelamente, todo economista que vive fuera del país, todo organismo internacional que nos analiza, consultoras internacionales que monitorean al país, coinciden en que Uruguay está muy bien preparado para afrontar la crisis, lo cual no quiere decir que no la sufra, entienden (a diferencia de tantos otros países como EEUU, la UE, Japón, etc) que su PBI va a continuar con signo positivo (en general se habla del 2%, que es la media histórica de crecimiento de todos los gobiernos blanquicolorados). Por otra parte, todos aceptan que la inflación está controlada (inclusive los criollos que consultan mes a mes el BCU), el gobierno informa que, en enero, el nivel de nuevas inversiones aprobadas fue superior al de febrero de 2008 (que ya había sido bueno), aumentaron los créditos, la construcción sigue su ritmo de crecimiento, hay importante obras de infraestructura concretándose en todo el país, el turismo ha sido brillante, el nivel de consumo de la población no disminuyó. En fin, en este panorama al que podrían agregarse otros elementos pero no tiene sentido continuar elaborando, la señora Benavente no tiene mejor idea para salvar al país que rebajar salarios, afortunadamente no se anima a repetir sus planteos de años atrás de achicar el Estado en inversiones y sobre todo en el número de sus funcionarios.
No se ha enterado en qué dirección van muchas de las propuestas para salir de la crisis que ha propuesto Barack Obama (ninguna pasa por despedir gente, ni rebajar sueldos, sino por dar trabajo) donde juega un rol fundamental el Estado. Benavente no se ha enterado que la teoría del libremercado que decide todo, sin meterse el Estado, ha fracasado en el mundo y es por eso que hoy estamos como estamos. En un reciente informe de la Fundación Getulio Vargas se señala que «Uruguay lidera el clima de negocios de América Latina como lo venía haciendo en las últimas mediciones con 7 puntos y es seguido por Perú (6,8)». El informe sostiene que, en ambos países, las tasas de situación actual vienen «disminuyendo a un ritmo menos intenso que el promedio de la región». Pero hay más porque en el último número de la revista Propiedades, que dirige el consultor Julio Villamide, a pesar del fuerte shock externo, de la sequía y los contratiempos que de seguro acarreará la crisis, afirma que nuestra economía crecería a valores superiores al 5%. En su análisis, la publicación estima que, a pesar de la fuerte desaceleración con respecto a 2008, cuando se alcanzaron cifras superiores al 10 % de crecimiento, 2009 será bastante mejor de lo que la mayoría de los economistas y agentes consideran (ver LA REPUBLICA, Sección Economía, sábado 21). Es nuestro deseo que así sea (pero no estamos seguros que «otros» lo quieran).
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