Gano el SI y se derrotó la mentira

El 15 de febrero, el pueblo venezolano se pronunció nuevamente, en esta oportunidad por décima quinta vez en diez años de gobierno bolivariano. Al contrario de lo afirmado por los «pájaros de mal agüero», en el sentido de que sería una jornada de enfrentamientos, fue un proceso pacífico y tranquilo, donde los votantes por las opciones del SI y NO se comportaron de manera ejemplar. Fue realmente una fiesta democrática.

Este fue un proceso con una participación de 70%, desmontando con ello la afirmación de una alta abstención. Debemos recordar que el voto en Venezuela no es una obligación, sino un derecho que es ejercido con pasión por la mayoría de la gente, y sobre todo en un país como la República Bolivariana donde se ha intensificado la actuación política y, en general, la libertad de expresión.

Como en toda democracia, triunfa el que más apoyo popular tuvo. La mayoría, a diferencia de lo que decían sesudos analistas, no la obtuvo el NO sino el SI con una mayoría de 54,86%. La enmienda se aprobó y así cualquier gobernante electo popularmente (presidente de la República, gobernador, alcalde, diputado regional o nacional) tendrá la posibilidad de postularse, sin restricción del tiempo, para cualquier reelección y ejercer otro período en caso de que la población -mediante el voto- considere que debe seguir realizando un buen gobierno.

La campaña de la opción del NO se sustentó sobre la base de la llamada reelección indefinida del presidente Chávez, la cual es falsa, por varias razones. Primero, porque en la vida de los humanos nada es indefinido y mucho menos lo que esté asociado con un hombre o una mujer; dos, porque estaba en juego no sólo el derecho del presidente a postularse sino también de los otros cargos de elección popular, y tercero, porque será el soberano, a través del voto, el que determine la duración de un gobernante.

Lo que realmente ocurrirá con la aprobación de esta enmienda constitucional es que el pueblo de Venezuela tendrá no sólo la posibilidad de castigar o sancionar al mal gobernante a través del referendo revocatorio –figura que ya existía en nuestra Carta Magna–, sino que también tendrá ahora la posibilidad de premiar al buen gobernante. ¿Podemos negar el profundo contenido democrático de estas dos armas en manos de un pueblo?

Si alguien tiene dudas sobre lo democrático y transparente de la jornada electoral del 15 de febrero, puede consultar la opinión de los representantes de Autoridades y Organismos Electorales de Latinoamérica, del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela), de la Delegación de Acompañantes Latinoamericanos, de la Delegación de Acompañantes Europeos, de la Delegación de Acompañantes de Estados Unidos y de la Delegación de Acompañantes de la República Griega, quienes destacaron, entre otros aspectos, que en Venezuela se consolidó y reafirmó el fortalecimiento de la institucionalidad electoral como sustento del sistema democrático; la transparencia del proceso y la confiabilidad de los resultados emitidos por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y también resaltaron los aspectos relacionados con la rapidez y facilidad del proceso de votación, la normal apertura de los centros y dentro del horario establecido, así como la presencia de testigos de cada opción que participó en la consulta popular.

Aquí, en la República Oriental del Uruguay, también hubo votación y los venezolanos residentes se pronunciaron contundentemente. El 70% de los que ejercieron su derecho dijeron SI a la enmienda y NO a la mentiras.

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