El faro de lo irreparable

Una vía atraviesa el césped de la rambla frente al Club de Golf, sale de la nada y a ninguna parte llega. Más adelante, un amasijo de cuerpos humanos en bronce se yergue sobre Punta Gorda en lucha contra las inclemencias del mar.

El primero es el homenaje a millones de judíos asesinados por el fascismo nazi en la Segunda Guerra Mundial.

El segundo, el monumento a los caídos en funciones de la Armada Nacional.

En ninguno hay nombres.

El colectivo de Crysol acaba de recordar y homenajear en el mismo lugar del crimen a cinco compatriotas fusilados en Soca.

Este nuevo memorial se suma a decenas de homenajes hechos por sindicatos, estudiantes, vecinos, familiares que por decisión propia impulsaron y llevaron adelante iniciativas para que el recuerdo, el homenaje, la memoria de uruguayos asesinados, y asesinados-desaparecidos no quedara encerrado sólo en el entorno más íntimo de cada uno de ellos. Basta repasar los archivos de la Junta Departamental de Montevideo para comprobar los innumerables decretos que aprueban placas, monolitos, nombres de calles, monumentos: Plaza Liberoff, Espacio Gerardo Cuesta, una placa donde fue secuestrada Elena Quinteros, «Este Estadio fue Cárcel» en el Cilindro Municipal, «Mártires de la Industria Figorífica», «Huelga General de 1973″, placas para Héctor Castagnetto, Alvaro Balbi, Zelmar Michelini, entre otros, imposibles ­todos- de enumerar. El decreto No. 28.134 designa un espacio del Parque Vaz Ferreira con el nombre de «Memorial en Recordación de los Detenidos Desaparecidos».

Dentro de las primeras leyes a considerar al levantar el receso, el Parlamento tratará la Ley de Reparación Integral, esta Ley debe corregir las fallas -entre otras- que la ley No. 18.033 contiene al excluir a cientos de luchadores sociales. Ahora bien, aún la ley más abarcadora que podamos imaginar será incompleta, será defectuosa e injusta al no incluir a todos los perseguidos por la dictadura: hombres y mujeres que no pueden demostrar que estuvieron presos en cuarteles o fueron despedidos por la prepotencia de los capangas amparados en la brutalidad del régimen dictatorial cívico-militar; muchachos que abandonaron los estudios por no cortarse el pelo o no bajarse un centímetro más la pollera. Tampoco podrá reparar a familias destruidas por la persecución ideológica de un régimen que investigaba hasta lo que se hablaba en la mesa de los domingos. El terrorismo de Estado se ejerció sobre el conjunto de la sociedad (incluso de sus alcahuetes) y está omiso en el reconocimiento de tanto heroísmo.

El Estado (además de leyes de reparación) debe homenajear a esos miles y miles de compatriotas (héroes anónimos que no recibirán pensión ni reparación, y sus nombres no figurarán en placas, plazas o calles), propiciando el justo y debido homenaje del conjunto de la sociedad.

La Junta Departamental de Montevideo o el Ministerio de Educación y Cultura están facultados para llamar a un concurso que erija en algún lugar emblemático de la capital un monumento que abarque al conjunto de la sociedad agredida por el terrorismo de Estado: a los desaparecidos, asesinados, presos, exiliados, clandestinos, a las madres, a los hijos, a los hijos nacidos en cautiverio y a los nacidos en cautiverio secuestrados y desaparecidos, a los aparecidos, encontrados y recuperados y a los demás familiares, y sobre todo a esos uruguayos desconocidos que no nombra nadie y que mucho hicieron para voltear al régimen fascista. A veces, dicen: «De nosotros ya nadie se acuerda». Duele. Lo irreparable no tiene consuelo, ni pago, ni homenaje.

Como la vía del Golf, o el amasijo de Punta Gorda, imagino sobre la rambla un faro y una placa en él: «Al heroico y anónimo pueblo oriental que derrotó a la dictadura cívico-militar en 1984″. Coronado con un atalaya muy alto que permanentemente, día y noche, busque por tierra y mar la verdad y la justicia de lo que jamás se podrá perdonar ni reparar.

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