Explosión de luz
La Revolución Islámica de Irán bajo el liderazgo de Imam Jomeini como un líder religioso y consciente de las circunstancias mundiales abrazó la victoria el 11 de febrero de 1979 luego de varias décadas de lucha popular. La Revolución Islámica es, entre las grandes revoluciones y movimientos del mundo, un fenómeno sin precedente que marcó el último tercio del siglo XX. La grandeza de este movimiento revolucionario y la gloriosa presencia del pueblo iraní para fundar un régimen independiente y soberano basado en las leyes divinas del Islam echó abajo todas las previsiones de los poderosos y las potencias mundiales y regionales. Este gran movimiento político y revolucionario tal como todas las revoluciones que han tenido lugar a lo largo de la historia tenía como objetivo primordial cambiar el statu quo y lograr una situación mejor.
El mayor logro político de la Revolución Islámica de Irán es, sin duda, la revivificación del Islam por todo el mundo. La Revolución Islámica ofreció a la humanidad la versión real y humana del Islam presentando al Islam revolucionario en un molde más acorde con las características humanas. Otros logros de la Revolución iraní son, precisamente, conceder importancia a la voluntad popular para determinar su destino político, lo que se verifica mediante las 31 elecciones realizadas en Irán durante los últimos 30 años; la lucha contra cualquier dominio extranjero; restablecer la seguridad interna; eliminar cualquier representación del despotismo y el rechazo hacia el colonialismo; fortalecimiento de las fuerzas de defensa para preservar la independencia e integridad territorial; apoyar a los desfavorecidos ante los tiranos y los arrogantes del mundo evitando la intromisión e injerencia en los asuntos internos de otros países. El mayor logro social de la Revolución Islámica de Irán ha sido la creación entre el pueblo iraní del sentido de autoestima y de autosuficiencia y de que ellos son capaces de hacer cualquier hazaña. El auge de este sentimiento se observó precisamente durante la guerra impuesta por el ex dictador iraquí Saddam Hussein contra el pueblo de Irán en la década de los 80, de manera que el pueblo iraní pudo vencer un régimen bien pertrechado por Estados Unidos y por todos los gobiernos opositores a la Revolución Islámica.
Desde el punto de vista económico, la Revolución Islámica tuvo lugar en una zona bajo el domino completo del Occidente y EEUU, por tanto el triunfo de esta Revolución significó las mayores pérdidas y daños económicos para las potencias coloniales e imperialistas occidentales y Estados Unidos. El principal logro de la Revolución Islámica a este respecto ha sido establecer nuevas políticas energéticas más lógicas y razonables acordes con los intereses del pueblo iraní. Anteriormente a la Revolución de Irán, los países industrializados, por su gran dependencia de las fuentes de energía para garantizar su crecimiento económico, habían hecho su entrada en los países del Medio Oriente como poseedores de grandes yacimientos de petróleo y otros minerales saqueándoles sus ricas fuentes de energía en beneficio de su economía. Una de las mayores traiciones del anterior gobierno iraní bajo el mando del ex Sha (rey) presentada como la política de crear ingresos era extraer grandes cantidades del petróleo y enviar esta riqueza nacional a los mercados de países dominantes con un precio módico. Con el triunfo de la Revolución Islámica el nuevo gobierno revolucionario revisó las viejas políticas energéticas poniendo su énfasis en la reducción de la producción petrolífera y el incremento de su precio. Los otros logros económicos de la Revolución iraní son facilitar el avance tecnológico e industrial del país a través de una mejor planificación económica, mejor uso de la ciencia y la tecnología en la formación del personal calificado, independencia económica y autosuficiencia en la industria y la agricultura, justicia económica y reducir la diferencia entre las distintas clases de la sociedad.
En lo relativo a la industria y a la tecnología Irán era, antes de la Revolución Islámica, completamente dependiente de Occidente y a la cabeza de ellos de EEUU, de modo que los asesores occidentales pululaban por doquier en el país, teniendo bajo su dominio todos los ámbitos de la economía y no dejaban a los iraníes desarrollar sus dotes de inteligencia e iniciativas propias. La mayor parte de las necesidades industriales de nuestro país era comprada al Occidente con el dinero procedente de la venta de petróleo. Este proceso nefasto cambió drásticamente después del triunfo de la Revolución Islámica en Irán, puesto que la Revolución creó en el pueblo iraní el sentido de autoestima, de que querer es poder. Así pues, después de pasar 30 años del triunfo de la Revolución Islámica, un país que era anteriormente dependiente en muchos aspectos de las grandes potencias, ha desarrollado actualmente y de forma autóctona las distintas tecnologías e industrias tanto ligeras como pesadas y es capaz de poner en marcha los más sofisticados complejos petrolíferos, petroquímicos, ha logrado el ciclo completo de la producción del combustible nuclear para generar electricidad, ha podido fabricar su primer satélite nacional y ponerlo en órbita con un lanza-satélite totalmente construido en Irán.
No hay que olvidar que la Revolución Islámica de Irán es, ante todo y en su esencia, una revolución cultural. Así pues, los mayores logros de esta Revolución en el terreno cultural serían la lucha contra el mal y la maldad, la difusión y la consolidación de la fraternidad islámica y el cooperativismo en general entre la gente, la eliminación de las injustas discriminaciones existentes y la creación de posibilidades equitativas de crecimiento para todo el mundo. La gran lección que se desprende de la Revolución Islámica de Irán es, sin duda, el que si un pueblo quiere, puede. En una palabra, como dijo el fundador de la República Islámica de Irán, Imam Jomeini, «la Revolución Islámica de Irán era una explosión de luz».
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