Bachelet en La Habana

Una noche habanera, en pleno febrero de 2009, luego de treinta y siete años de ausencia, Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, llegó a Cuba, rompiendo con el bloqueo impuesto por el imperialismo norteamericano y su eterno afán de desestabilizar la revolución cubana. Y digo bien. Digo Revolución. Sin eufemismos, ni medias tintas y con todas sus letras. La derecha chilena, sin embargo, ha recurrido a su poder en los medios de comunicación para desperfilar este viaje, luego de una larga ausencia a una nación que fuera tremendamente solidaria con Chile y con los países del Cono Sur en particular, víctimas de dictaduras que violaron sistemáticamente los derechos humanos, hicieron desaparecer personas, torturaron y obligron a exiliarse. Nos parece importante rescatar el valor y significado histórico de este viaje a la isla, luego de que Salvador Allende hiciera lo propio, durante su gobierno de la Unidad Popular.

He escuchado y leído en estas horas, sin embargo, todo tipo de diatribas y de llantos histéricos de parte de aquellos que aplican el doble estándar para barrer bajo la alfombra su pasado golpista y apoyo a la brutal dictadura de Augusto Pinochet. Pretenden tapar el sol con sus dedos, cuando deliberadamente soslayan el oprobio de Guantánamo, base naval de EEUU, donde se encuentran aún seres humanos secuestrados y sometidos a tortura y prisión, sin un debido proceso legal. Barack Obama ha prometido al asumir su mandato, la clausura de tal enclave militar, que representa la infamia y la muerte.

En Santiago, cuando una nutrida delegación de políticos, empresarios y representantes del mundo de la cultura ha desembarcado en la cuna del socialismo en América, el senador y presidente del Partido Socialista de Chile, Camilo Escalona, ha criticado la destemplada reacción de la Democracia Cristiana respecto al viaje presidencial a Cuba, señalando que «resulta incomprensible la histeria con que algunos de sus voceros han caído para analizar este tema».

El senador subrayó que la reacción de una parte de la DC -prohibiendo la participación de sus militantes en la delegación presidencial y fustigando a quienes desafiaron esta instrucción- «es enteramente desproporcionada» y «fuera de lugar».

Escalona recordó que los dos mandatarios de las filas DC que ha tenido la Concertación, Patricio Aylwin y Eduardo Frei, han sido protagonistas en el avance de las relaciones chileno-cubanas.

«En el año 1990, el gobierno de Patricio Aylwin, un destacadísimo militante de la Democracia Cristiana, y una figura ejemplar de la Concertación, dio el primer paso reestableciendo las relaciones a nivel de encargados de negocios y el segundo paso fundamental lo dio el propio presidente Frei Ruiz Tagle, restableciendo las relaciones diplomáticas plenas», dijo el parlamentario PS.

«Nosotros ni soñábamos que en nuestro país iba a haber una presidenta de la República y que además, iba a ser socialista, de modo que eso le agrega una especial significación a ese encuentro, pero más allá, quiero recalcar que mirar esto como parte del necesario despliegue de Chile de las relaciones internacionales en el actual contexto global», indicó.

Es un viaje cargado de nostalgia, que retrotrae al pasado y a los protagonistas de un

continente inmerso en luchas revolucionarias de los años 60 y 70, donde el hombre moría por sus ideales, convencido de que aquello sería un ejemplo para nuevas generaciones en el duro y difícil trance hacia la liberación del capitalismo y en la construcción de un paradigma de hombre y sociedad nuevos. En otro tiempo y en otro mundo, pos moderno, globalizado y sumido en una crisis especulativa mayúscula, este viaje es una señal de la independencia con la cual la Presidenta Bachelet conduce la política exterior de su nación y una reafirmación del inextinguible vínculo de amistad y afecto entre ambos pueblos hermanos, en una América latina gobernada en su mayoría por hombres y mujeres de signo progresista.

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