Los contabilizadores de las muertes
Un rechazo general provocó en el mundo la decisión del Papa Joseph Ratzinger, bautizado como Benedicto XVI, de rehabilitar (entre otros) al obispo integrista británico Richard Williamson, que negó la existencia de las cámaras de gas durante el nazismo y pretendió reducir a 300 mil el número de los 6 millones de judíos ultimados en el Holocausto.
Análogamente, a mí me produce rechazo e indignación la actitud de los defensores a ultranza del gobierno israelí que procuran ahora reducir, con el mismo género de contabilidad fraudulenta, el número superior a 1.330 de palestinos, entre ellos gran cantidad de niños, masacrados en la sangrienta blitzkrieg de 22 días de las fuerzas armadas israelíes en la franja de Gaza, que además dejó más de 5 mil heridos, sembró destrucciones a granel y demolió todas las estructuras en el martirizado territorio, como si por él hubiera cruzado un terremoto, tal cual pudimos apreciarlo por los canales de TV apenas pudieron sobreponerse a la férrea censura de prensa impuesta por las tropas de ocupación.
Esta contabilidad macabra pretende rebajar «sólo a la mitad» (unos 700) el número de víctimas palestinas, y se asienta, según propia confesión, en «fuentes del ejército israelí». O sea que están unidas por un cordón umbilical al régimen corrupto de Ehud Olmert, que se despide con una embestida de sangre y depredaciones, expulsado del cargo al que llegó por mero azar por haberse guardado en el bolsillo fondos destinados a construcciones en la parte judía de Jerusalén, entregados por uno de sus compinches del poderoso lobby judeo-norteamericano. Entre otros delitos.
Con eso se dan por satisfechos los contabilizadores revisionistas, alegando que al fin de cuentas no fue para tanto. Pero si a tan poco costo acallan las voces de su conciencia, no podrán sofocar el clamor que se levanta en el mundo ante la magnitud y la pertinacia del genocidio perpetrado por Israel y certificado por fuentes médicas y de derechos humanos de la más diversa procedencia, un auténtico crimen de lesa humanidad que amerita llevar a los responsables del gobierno de Israel ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya, como lo están implementando organizaciones de defensa universal de los Derechos Humanos.
El hecho de que la condena a la agresión israelí haya resonado incluso en el Foro Económico Mundial de Davos, en la voz del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, acusando al presidente israelí Shimon Peres allí presente, revela la magnitud y la extensión de los opositores en el terreno internacional a esta política genocida del régimen de Tel Aviv
Un hecho resulta realmente sorprendente. Hay personas que cultivan en otros aspectos valores humanistas y culturales destacables, pero en este tema se ciegan, pierden toda escala ética y niegan la realidad en el afán de justificar a un gobierno con el cual se consustancian por encima de todo. Cuesta creer que comulguen con el único pretexto invocado por el gobierno israelí, los cohetes lanzados por Hamas. Estos disparos, más que actos terroristas, son un síntoma de obcecación y de manifiesta inutilidad, como las piedras lanzadas contra los tanques de uno de los ejércitos más poderosos del mundo y provisto de las armas más sofisticadas que le proporcionó pródigamente el gobierno de Bush también hasta el último día de su mandato, más la firma de un Tratado de Seguridad mutua que prevé la presencia de sus tropas en la región y que se agrega a la utilización del fósforo blanco (como hicieron los yankis en Falluya) y otras armas prohibidas y a toneladas de municiones y armamentos desembarcados en la segunda quincena de enero y en febrero. El presupuesto de guerra de Israel es el segundo del mundo per cápita, apenas superado por muy poco por el de EEUU (en proporción de 1.835 a 1.806 dólares en 2007), pero era el mayor del mundo en 2005: 1.712 dólares de Israel por 1.675 de EEUU. Véase además cómo ambos han venido creciendo sin pausa. Estos son datos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IISS). ¿O dirán también que son exagerados? Con esa mínima hoja de parra se cubre el gobierno de Olmert para seguir violando la frágil tregua acordada, incursionando en Gaza y originando nuevas muertes, como las que recordé en mi nota «Sin novedad en el frente» y que prosiguieron en los días sucesivos. Se bombardeó un campo de refugiados en el norte de la franja desde barcos surtos en el Mediterráneo, se embistió allí a pesqueros palestinos y se los obligó a retornar a Gaza, que sigue cercada y controlada en todos sus accesos por aire, mar y tierra, transformado en un gueto gigantesco. Dos niñas murieron al pisar artefactos explosivos que no habían estallado. El lunes pasado Israel bombardeó nuevamente el sur de la franja causando un muerto y cuatro heridos, y Olmert anunció que «Israel reaccionará en forma desproporcionada» ante los cohetes palestinos. Él mismo utiliza provocativamente esa fórmula, ya que todos los juristas han destacado que las agresiones de Israel están muy lejos de constituir una «legítima defensa» por su carácter absolutamente desproporcionado, del orden de 100 a 1.
El 22 de enero pasado tuve ocasión de ver una entrevista a Daniel Barenboim por parte del periodista argentino Nelson Castro en su programa «Juego limpio». El gran músico argentino-israelí emprendió una obra encomiable a favor del entendimiento entre israelíes y palestinos, creó junto con el palestino Edward Said un movimiento con esa finalidad y una orquesta juvenil con integrantes de ambos pueblos y de otros de la región que ha dado conciertos en Israel y Palestina (Ramalá), en otros países próximos y en Europa. Cree en la música como instrumento impar de aproximación entre los pueblos. Ha dictado clases magistrales de piano que pueden verse en People and Arts, así como sus ejecuciones de las sonatas de Beethoven, al tiempo que dirigió recientemente ópera en el Metropolitan de Nueva York. Barenboim expresó su angustia ante las acciones del ejército israelí, dijo que el conflicto no tiene solución militar y que estas acciones hacen cada vez más difícil encontrar caminos de convivencia humana entre dos pueblos que tienen derecho a vivir en paz. Recordó además que en 1960 los judíos eran apenas el 10% de los habitantes de ese territorio.
Hay otros elementos en torno a este tema que deseo comentar, como un discurso del presidente Lula en el Día Internacional en memoria de las víctimas del holocausto.
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