Moda: el obamismo
«Escoba nueva barre bien», reza un viejo refrán. Y ya sea por exitismo o simple novelería publicitaria tonta, el mundo «retoza» alrededor del negro presidente yanqui. Vamos por partes. Es cierto que la salida de Bush concita la aprobación, alivio y jolgorio mundial. ¡Nada podría ser peor! O sea, el que viniese, desde el «vamos» corría con puntos a favor. Macanudo. Pero, llevados por esa euforia no se percatan de que más que el hombre son los sistemas los malditos. Kennedy, que también tuvo sus «cositas» (Bahía de Cochinos, por ej.), fue por lejos el mejorcito. Cuando quiso virar, lo mataron. ¡Así de simple! En buen romance, nadie puede aseverar que a Obama, por más espléndido que sea, le van a dejar con un margen mucho mayor de maniobra y decisión que el que podía tener Bush. La USA debía y debe cambiar la imagen lamentable que tiene a nivel mundial. No sólo con la crisis económica, sino con todo el entorno publicitario humanista que carece desde hace décadas por no decir siglo y medio. Hace tiempo que se ha transformado en la campeona de las guerras, masacres, genocidios y crímenes intervencionistas propios y de a ratos se mete en los ajenos también, en cadena. Cadenas de guerras que se deben retroalimentar unas a otras para seguir manteniendo la industria armamentista monstruosa de la que ya no se pueden escapar. Obsérvese también, que este prometedor Obama terminaría con las guerras del Golfo, volviendo las tropas a «casa». Particularmente de Irak. Sin embargo, declaró a posteriori que reforzaría con 20 o 30 mil hombres Afganistán. O sea, todo un sainete. Baja tropas por un ascensor y los sube por el otro. Vasos comunicantes que le dicen. Me dirán y con razón, que cierra Guantánamo. ¡Espléndido! Bueno es aclararle a los ingenuos, que Guantánamo era insostenible para los yanquis en la opinión pública mundial. Es la Treblinka nazi o la Siberia rusa de los yanquis. ¿Cuál es el matiz diferencial entre todas ellas? Para Obama o para cualquiera que no fuera Bush, claro está, lo cerraba igual. Le vino de perillas para crear momentáneamente una imagen distinta. Habrá que ver si largan a la mayoría de víctimas con juicios justos y si además de Guantánamo cierran las otras «sucursales» que tienen desparramadas por el mundo. Así empezaríamos a creerle.
En puridad, recién empieza y me tacharán de pesimista u obsesivo antiimperialista. ¡Y sí, lo soy! Y no sólo por la experiencia histórica que abunda, sino además por deducciones simples. ¿Qué pasaría con el petróleo futuro, que ya empezó a escasear, si no intentan apoderarse del de los árabes y persas? Por supuesto, se me dirá que hay sustitutos. Sustitutos que habrá que seguir inventando porque lo que hay no alcanza ni para encender una «veladora». Sin perjuicio de la mencionada industria armamentista, ¿qué pasaría si Obama hiciese la paz de repente, con las inversiones y seguridades futuras de países amigos del imperio y comprometidos con ellos? Fuertes inversionistas de Wall Street, sin perjuicio de las seguridades territoriales que muchas deberían quedar a merced de enfrentamientos frontales y en solitario con los árabes y demás etcéteras. Se acabarían las supremacías absolutas militares actuales individuales y hasta podría dar lugar a la unión de los hoy asolados, que sin el imperio que se les oponga se transformarían en un peligro candente en el dominio de la zona y posesión definitiva del petróleo. O sea, el que piense que Obama tiene las manos sueltas para hacer lo que quiera, que se dedique a comentar partidos de ping-pong. Mismo como ejemplo para nuestra América latino indoamericana, su partido o sea la tradición que le precede, no fue pasible de ofertar TLC ni demás tratados favorables a nuestros intereses y por añadidura, las grandes intervenciones y conflagraciones fueron iniciativa de sus demócratas mayores. Por supuesto, es muy positivo y simpático que sea un hombre de raza negra el que se consagra en el máximo podio del monstruo imperial. Publicidad e imagen que le dicen. Lo más probable es que vuelva el «gato pardo».
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