Fiestas masivas, alegres y respetuosas

La fiesta de Yemanjá en las costas uruguayas se ha tornado tradición y evento de esparcimiento plural no sólo para fieles. Las personas van naturalmente y con respeto a mirar los ritos a cielo abierto que protagonizan devotos de la Orixá africana y Virgen del mar al son de los tambores o atabaques. La conmemoración, propia de la religiosidad sincrética entre lo afroamerindio y las creencias europeas impuestas a los esclavos durante las conquistas, ha crecido y según académicos, trascendió la espiritualidad afroumbandista para integrarse a la cultura popular. Lo llamativo para desavisados; simples paseantes, turistas, periodistas o curiosos; es el interés creciente que despierta el multitudinario festejo a orillas del agua.

Quienes van por primera vez son gratamente sorprendidos por el ambiente de paz que reina entre los asistentes provenientes de estratos sociales bien diferenciados. Las ofrendas preparadas de los templos umbandistas reciben innumerables cartitas y agradecimientos de cualquiera que lo desee y libremente deposite su esperanza o regalo en las típicas embarcaciones enormes o pequeñas que luego irán mar adentro. Un día para compartir.

Hace ya varias celebraciones que los uruguayos cuentan con la presencia del Intendente municipal y otras autoridades de gobierno, sensibilizados por acompañar un acontecimiento que surge del corazón del pueblo. Más allá de la fe, Yemanjá es un fenómeno espontáneo de integración y me parece que hay muchas razones para cuidarlo.

También resalto la alegría y buen ambiente de los desfiles de Carnaval y Llamadas, y atribuyo el mejor disfrute a que la gente respira sueños que energizan dichos momentos. Este milagro me parece humano y es debido al cambio social que comenzó a hacerse posible en el 2005 con la asunción de un gobierno preocupado en dar alivio a la ciudadanía de sus endémicas penurias.

Poco a poco va cambiando para bien la cultura de nuestro país, entendiendo que es imprescindible fomentar ámbitos de encuentro pacíficos donde priman argumentos de armonía social en los que nos reconocemos humanos y en este caso uruguayos con iguales gustos y necesidades.

Trasladando este sueño de unificación a una proyección regional recuerdo las palabras del libertador Simón Bolívar: «La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino». Puede parecer ilusión aunque es prioritaria la unión para luchar eficazmente por el derecho a transitar caminos de libertad y desarrollo.

En medio de opresiones subliminales que cautivan criterios en base a sobreexposición mediática; hablo de ofertas culturales impuestas a fuerza de dinero; qué importante se vuelve fomentar la idiosincrasia vernácula para preservar y fortalecer nuestra identidad.

Lo que tenemos en común siempre será un grito de liberación.

El fotógrafo de prensa de la IMM apunta luces y cámara hacia nosotros en playa Ramírez y está bien testimoniar vivencias, en este caso la mirada de interés del máximo jerarca municipal hacia la expresión cultural de un gran sector de la población en torno a Yemanjá. Vale la foto sobre la arena del intendente y la mae: señal no sólo de que respiramos, sino de que vive lo que representamos.

¡Salud Uruguay de febrero en fiesta!

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