EDITORIAL

¿Sin fines  político-electorales?

El martes pasado transcurrió la primera de una serie de interpelaciones que impulsa la oposición en la Comisión Permanente del Poder Legislativo.

La necesidad de protagonismo de los partidos del llano (sobre todo del Partido Nacional) ha llevado a sus legisladores a exhibir no ya el «afán interpelativo» del que hemos hablado más de una vez, sino directamente lo que podría definirse como un «frenesí interpelativo». Es así que en los próximos días veremos desfilar por el Palacio de las Leyes a Víctor Rossi, a Daniel Martínez y, ya en una suerte de paroxismo, la múltiple comparecencia de María Simon, Víctor Rossi (otra vez) y Carlos Colacce.

Siempre hemos defendido la potestad del Parlamento de convocar a los miembros del gabinete para solicitar información o explicaciones sobre asuntos del quehacer nacional, pues entendemos que, además de la tarea propiamente legislativa inherente a ese poder del Estado, figura la no menos importante de fiscalizar y controlar al Poder Ejecutivo. Eso está en la tapa del libro y es la esencia de todo régimen democrático. La comparecencia de los ministros puede llevarse a cabo de diversas formas (interpelación, llamado a sala, etcétera) pero en todos los casos, el secretario de Estado debe oír los reclamos e inquietudes del interpelante y responder a las interrogantes y cuestionamientos planteados.

Ahora bien, como todo mecanismo constitucional referido a la actividad política, esa potestad perfectamente legítima del Poder Legislativo puede ejercerse persiguiendo fines de dudosa legitimidad; es decir que puede usarse con fines espurios. Tal parece haber sido el caso en la reciente interpelación al ministro de Ganadería, Ernesto Agazzi, sobre la crisis debida a la falta de lluvias. Dio la impresión de que el diputado Sergio Botana y el senador Francisco Gallinal (los dos miembros interpelantes) se proponían sentar a Agazzi en el banquillo, acusado de imprevisión, improvisación y negligencia ante el fenómeno meteorológico causante de la sequía.

Claro, como no podían atribuir la falta de lluvia a una mala gestión del ministro, trataron de responsabilizarlo de las consecuencias y hacer aparecer al gobierno como inoperante, ignorante e incapaz de enfrentar con éxito una calamidad, en contraposición con el Partido Nacional, sabio, responsable y patrióticamente preocupado por la situación de los productores afectados por la sequía.

Sin embargo, analicemos un poco los hechos y veremos que más que una patriótica preocupación, habría que hablar de un afán por desprestigiar al gobierno al comenzar el año electoral.

En primer lugar, llama la atención la súbita alarma por la sequía y por la supuesta imprevisión del gobierno siendo que la información sobre el fenómeno (proporcionada por el propio Ministerio) estaba disponible desde hace varios meses. O sea que si hubo imprevisión del gobierno, también la hubo de parte del Partido Nacional, que esperó hasta febrero para llamar al ministro sobre un problema ya detectado en la pasada primavera.

Por otra parte, las medidas sugeridas por los legisladores nacionalistas para paliar la situación y auxiliar a los damnificados por la seca (y exhibidas como de cosecha propia de los dirigentes nacionalistas) ya habían sido ­en su inmensa mayoría­ implementadas por el gobierno y el MGAP a cuyo frente se encuentra Ernesto Agazzi.

Si el propósito del Partido Nacional era dejar mal parado al gobierno y arrimar agua al molino blanco de modo de aumentar su chance electoral para octubre, la contundencia de las respuestas de Agazzi dejó a los interpelantes sin asunto. Y si de verdad el propósito era el de contribuir patrióticamente a salvar al país de la catástrofe, deben reconocer que llegaron tarde puesto que el gobierno ya había dispuesto lo que estaba razonablemente a su alcance para enfrentar la crisis.

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