La vida es un carnaval
Por más que enero terminó lluvioso, esta vez febrero empezó a pleno sol. Este año las lluvias fueron bendecidas por todo lo que ya sabemos y padecimos. O padeceremos, porque mientras en Australia hay incendios por todos lados y temperaturas que llegan a 46 grados, en algunas zonas de EEUU y Europa nieva varios grados bajo cero, por más que varios enérgumenos digan que lo del calentamiento global no es para tanto.
El tema es que los desastres climáticos y sus consecuencias sequías, incendios, inundaciones- ya no nos pueden tomar de sorpresa. Lo bueno es que el gobierno ha actuado con presteza y diligencia para -sobre la marcha- variar y modificar todo lo necesario a los efectos de enfrentar la crisis y socorrer a los más necesitados. Tendremos que acostumbrarnos a ello y prepararnos. Y por cierto que habrá que construir una nueva cultura del agua.
Santa Teresa es un paraíso
Después de la última nota, «Vivir como en Santa Teresa», no aguanté y me fui cuatro días. Poquitos sí, era lo que había, pero valieron por diez. Santa Teresa es un paraíso. Mucha gente, mucha juventud, muchas familias, en armonía y plenitud. El océano impagable, un inmenso cielo repleto de estrellas, el bosque de pinos y eucaliptos más muchísimas especies de árboles exóticos y las que se pueden encontrar en el Sombráculo e Invernáculo, asombran. La fortaleza, su historia, nuestra historia, ahí comenzó nada menos que el éxodo oriental, la historia de su reconstrucción y la construcción del Parque, que llevó décadas. El disfrute de los fogones, todos bien cuidados, a conciencia.
La atención de la gente del lugar, los funcionarios del Parque, en todo momento atentos y serviciales, y toda la paz y el sentido de solidaridad entre los acampantes que provoca todo aquello, no tiene igual. Implica sacrificios, incomodidades, más desde cierta edad, pero es el mejor reencuentro con la naturaleza, con lo mejor de uno mismo y de quienes nos rodean.
«Alegres mascaritas…»
Nuestro pueblo tiene cosas bárbaras. El carnaval más largo del mundo es una de ellas. Nuestro carnaval empieza por octubre, con el encuentro de Murgajoven que dura como un mes y donde participan decenas de murgas y miles de jóvenes que se preparan desde un par de meses antes. Luego sigue durante todo enero con el carnaval de las promesas, donde también participan miles de niños y pequeños adolescentes, con su tiempo de preparación y toda la gente que acompaña. Y sigue ahora, con 84 agrupaciones concursando, más las que salen en las Llamadas. Más todas las que salen en el interior. Más allá del nivel de expresión artística que se alcanza en cada caso, es realmente saludable que tantos miles de personas de distintas edades participen y creen su expresión propia, e interactúen, convivan, proyecten, experimenten, discutan, se alegren, vivan.
Esto es lo realmente trascendente en cuanto a la forma de ser de un pueblo. Después, el microclima del concurso del Teatro de Verano y toda «su parafernalia», la «pasión» de algunos hinchas fanáticos y algún componente que se «se la cree», ciertos ámbitos «mafiosos» que aún persisten, las largas e incomprensibles categorías donde puntúan sesudos y polemizan sesudos jurados y periodistas, son sólo parte menor de una gran expresión popular. Cada vez más masiva, cada vez más participativa, cada vez más saludable.
Bienvenido el tercer polo, el cuarto…
El Frente Amplio no es de nadie. Es de todos. Por lo tanto, bienvenida toda acción que busque dentro suyo interpretar las necesidades de la fuerza política, de la gente, del país. Será la vida misma la que dirá de la validez de esa iniciativa sectorial y por tanto de la suerte que correrá. Por lo tanto nadie tiene el derecho a juzgarla, a etiquetarla, a descalificarla. Ni Seregni en su momento, ni Tabaré Vázquez en la actualidad, lo han hecho, aún siendo líderes nacionales del Frente. Mucho menos corresponde que líderes sectoriales se pongan a «conventillear» sobre lo que hacen otros compañeros.
Bienvenido el Tercer Polo, el cuarto, el quinto, los que sean. Nacer, juntarse, son verbos de vida, de crecimiento, de proyectos, de acción. Y eso es lo que necesita el FA siempre. Más aún cuando es cierto- todo parecía que se circunscribía a Mujica y Astori y a la reelección de Tabaré, y que si no se venía la hecatombe. El Frente ha sobrevivido a todo.
Por suerte para el FA hay tantas cosas para seguir cambiando que pasarán todos estos queridos compañeros, pasaremos todos nosotros y nuestros nietos seguirán batallando por un Uruguay más justo, más libre, más rico para todos sus integrantes, solidario con el resto del mundo. Si habrá lugar para iniciativas que busquen fortalecer esta querida herramienta…
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