"¿Existe una naturaleza humana única y universal?"
Una crónica del descubrimiento de América tomada del relato «Viaje al continente americano, de Américo Vespucio», refiriéndose a las características de nuestros indígenas de esa época, decía: «Ellos no tienen jefes ni capitanes, caminan sin guardar orden, como dueño cada uno de sí mismo. No pelean por el deseo de extender su dominio, sino por la antigua enemistad, grabada de muy atrás en los corazones. Y, habiéndoles preguntado la causa de la enemistad, no han dado otra razón que la de vengar las muertes de sus ascendientes. Viven en su libertad; no obedecen a nadie ni tienen ley ni señor. Sus riquezas son plumas de aves de varios colores, o láminas y cuentas que hacen de los huesos de los peces o de piedrecitas verdes y blancas, a la manera de las cuentas gordas de nuestros rosarios.
Reputan también por alhajas y riquezas, otras cosas fútiles que nosotros despreciamos. El oro, las piedras preciosas, las joyas y demás cosas de esta clase, que en Europa reputamos por riquezas, no las estiman en nada; antes bien, las desprecian y no hacen diligencia alguna por tenerlas». Yo me pregunto, ¿con qué concepción del hombre nos quedamos? La idea de respeto a la integridad del ser humano, la idea de justicia, de los derechos humanos, la concepción de un derecho natural y los demás valores remiten y parecen estar asentados en la noción de «naturaleza humana», de la unidad y la universalidad de ésta. Yo me pregunto, ¿podemos proclamar sin más como enteramente cierto que hay una naturaleza humana única, universal y común a todos los individuos de la especie? En la polémica entre Chomski y Foucault sobre la naturaleza humana, «La justicia versus el poder», el último afirmaba que no fue mediante el estudio de la naturaleza humana que los lingüistas descubrieron las leyes de la mutación consonante, o Freud los principios del análisis de los sueños, o los antropólogos de la cultura la estructura de los mitos. ¿Cómo opera realmente el poder en nuestras sociedades? La tarea política real en una sociedad como la nuestra es la de ¿criticar la labor de las instituciones que se presentan tanto neutrales como independientes? de una manera tal que la violencia política que siempre se ha ejercido oscuramente a través de ellas, se desenmascare, ¿a fin de combatirlas? ¿Cuál es la naturaleza humana común? ¿La que sostiene y legitima los discursos que me dicen que me tengo que volver loco y me etiquetan como esquizofrénico, paranoico y pare usted de contar si me separan de mi madre a una cierta edad y luego me llevan a una civilización psicótica como la nuestra para que me diagnostiquen? ¿La que me dice que la economía de la abundancia en la sociedad indivisa de los araucanos era indigencia e incapacidad de desarrollar la economía, o que la disciplina de los guerreros de dicha etnia antes de la llegada de los españoles era traumatizante? ¿La que ve la locura en las prácticas extáticas de los pueblos chamánicos y en las danzas lúdicas de los aborígenes australianos que, actualmente cientos de miles de norteamericanos «civilizados» practican con frenesí? ¿La que normaliza la patología del trabajo alienado a tiempo completo, la competitividad como medio para agotar los recursos naturales maximizando la producción y el consumo de objetos materiales o simbólicos (intelectuales o artísticos) que en verdad no necesitamos y que sólo tienen por objeto permitirnos pasar la vida evadiendo el miedo, el dolor y la muerte, aferrados a un ilusorio bienestar a fin de poder olvidar y dejar a un lado nuestra tarea más fundamental, que es la de conocernos a nosotros mismos? ¿Es la naturaleza humana la de quienes asesinan el planeta y la totalidad de sus habitantes, o la de quienes consideran como su única función mantener vivo el planeta? Sin duda la naturaleza humana es la de quienes manejan las compañías petroleras y no la de la etnia u’wa de Colombia, que para mantener vivo al planeta quieren impedir que la Shell y la Oxy le saquen la sangre, amenazando con cometer suicidio en masa si se inicia la explotación. No hay duda de que drogas como la cocaína y la heroína pueden acabar con la fábrica de la sociedad; sin embargo, cuál es la naturaleza humana: ¿la de los indígenas que por motivos mágicos y religiosos consumen el peyote y la de los brahmanes de la India que deben consumir ritualmente cannabis por lo menos una vez a la semana, o la de los ingleses que obligaron a la corte ch’in a aceptar el ingreso a China y la distribución allí del opio que ellos cultivaban en India, por medio de una invasión naval en la que participaron dos fragatas enviadas por el gobierno de los EEUU? ¿Es la naturaleza humana la del gobierno holandés que ha logrado reducir el consumo de drogas por medio de la despenalización de algunas? No dejo de apreciar lo que consideramos como los grandes logros de nuestra civilización actual y como superación de épocas de barbarie, y de admirarme ante el enorme proceso de trabajo humano que significó la adquisición de estos logros: la salubridad pública, la noción de derechos humanos, el estado social de derecho, el acceso por igual a la justicia, la educación pública, la igualación de las oportunidades para acceder a los espacios competitivos, etc.
Ahora bien, ¿son ellos en términos generales algo real, o meramente nominal? La gran mayoría de los humanos que pueblan el planeta está al margen de todo esto, en las sombras que proyectan las encandilantes luces de los derechos humanos, el acceso a la justicia, el estado social de derecho, la democracia, las libertades fundamentales, la dignidad humana… Entonces ¿de quién estamos hablando, y hacia quien se dirigen nuestras palabras? ¿No les parece que se pierden en los ecos de un entorno rocoso y vacío?
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