Cuba espera
El presidente estadounidense, Barack Obama, asumió, y mientras en América Latina algunos gobernantes abrigan la esperanza de que los cambios prometidos en la campaña electoral se extiendan al sur del continente, Cuba sigue esperando por el fin del bloqueo. Durante medio siglo una decena de mandatarios norteamericanos, seis republicanos y cuatro demócratas, ejecutaron acciones de todo tipo para doblegar al proceso liderado por Fidel Castro.
Eisenhower aprobó el 11 de diciembre de 1959 un plan de la Agencia Central de Inteligencia cuyo objetivo sería «el derrocamiento de Castro en el término de un año y su sustitución por una junta amiga de los Estados Unidos». Entre las medidas dispuestas por esa administración contra el gobierno revolucionario figura la suspensión, el 6 de julio de 1960, de la cuota azucarera cubana en el mercado preferencial estadounidense, considerada la primera acción importante en la guerra económica contra la isla.
Un mes después La Habana respondió con la nacionalización de las refinerías de petróleo, fábricas de azúcar y las empresas de teléfonos y electricidad norteamericanas. El rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el 3 de enero de 1961, y el financiamiento y preparación de la contrarrevolucionaria brigada 2506 formaron parte de la política de Eisenhower hacia el país caribeño.
El demócrata John F. Kennedy (1961-63) dio luz verde a la invasión de 1.500 hombres el 17 de abril de aquel año por la bahía de Cochinos, calificada por Fidel Castro de herencia que le dejó el anterior mandatario y que «estaba decidida» cuando él tomó posesión el 20 de enero de 1961. Esas fuerzas, trasladadas por barco desde Puerto Cabezas, Nicaragua, con protección naval y aérea de las fuerzas armadas estadounidenses, fueron derrotadas en menos de 72 horas por el ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias, mientras en Miami aguardaba un «gobierno provisional» que pediría reconocimiento internacional si triunfaba la operación.
También aprobó el 3 de febrero de 1962 el bloqueo económico, comercial y financiero que, según las autoridades cubanas, ha causado pérdidas por 93 mil millones de dólares, y el 14 de marzo siguiente la Operación Mangosta «a fin de ayudar a derribar al régimen comunista en Cuba».
El también demócrata Lyndon B. Johnson (1963-1969) continuó las acciones contra Cuba, entre las cuales figura la Ley de Ajuste Cubano (1966), que ha estimulado la emigración ilegal hacia Estados Unidos y provocado tragedias. En una de ellas sobrevivió, en 1999, el niño Elián González, devuelto al año siguiente tras una dura batalla legal.
Los republicanos Richard Nixon (1969-74) y Gerald Ford (1974-1977) prosiguieron en la misma política anti-cubana, que se atenuó con la llegada a la Casa Blanca del demócrata James Carter (1977-1981). En su administración se establecieron las Oficinas de Intereses especie de consulados en La Habana y Washington, se delimitaron las fronteras marítimas entre Cuba, Estados Unidos y México, y se reconoció el derecho de los ciudadanos norteamericanos a viajar a la Isla, limitado por las siguientes administraciones.
Los períodos de los republicanos Ronald W. Reagan (1981-89) y George H. W. Bush (1989-1993) continuaron el camino iniciado por Eisenhower mientras el demócrata William F. Clinton (1993-2001) sancionó en 1996 la Ley de la Solidaridad Democrática y de la Libertad de Cuba (Ley Helms-Burton), que endureció aún más las acciones de la Ley Torricelli, firmada por Bush (padre) en 1992. La administración de George W. Bush (2001-2009) ha sido una de las más agresivas contra Cuba y entre sus medidas se hallan las restricciones de los viajes de los cubanos-americanos a la Isla y de los montos de las remesas a sus familiares.
Hoy la palabra la tiene Obama, la revolución sigue resistiendo.
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