El Vaticano, Obama y Lefebvre

Ya me parecía a mí que este Obama iba a hacer cosas de negro. No bien asumió, a los pocos días nomás, no se le ocurrió nada mejor que mandarse un decreto que favorece el aborto.

La noticia no tuvo demasiado eco por estos lares, pero vale la pena comentarla: una de las primeras medidas de gobierno de Barack Obama provocó una furibunda reacción del Vaticano, que no le perdona haber derogado un decreto que pohibía a todas las organizaciones no gubernamentales que obtienen financiación del Estado norteamericano practicar abortos o proporcionar servicios relacionados con la interrupción del embarazo fuera de los EEUU.

Aunque Obama no hizo sino cumplir con una de sus promesas electorales, la indignación de las autoridades eclesiásticas no se hizo esperar. Por allí apareció el arzobispo Rino Fisichella –presidente emérito de la Academia Pontificia para la Vida– vociferando que el novel presidente estaba autorizando de hecho una «masacre de inocentes». L’Osservatore Romano no ocultó su decepción con Barack, alineándose de ese modo con monseñor Fisichella, quien cree que «el camino hacia la decepción habrá sido corto».

Y por estas latitudes calculo que la decepción debe de haber cundido no sólo entre filas eclesiásticas sino que debe de haber ganado, también, al presidente Vázquez, firme baluarte en la defensa de la vida y cruzado oficioso contra el genocidio de inocentes.

Pero advierta el lector qué interesante.

En la misma página 17 del pasado domingo 25 en la que se publica la información de las iras vaticanas contra Obama, se nos informa de otro hecho insólito: los seguidores de monseñor Lefebvre (el fundador de un movimiento ultraconservador por los años setenta) que habían sido excomulgados por Juan Pablo II en 1988, obtuvieron el perdón pontificio y su excomunión fue levantada. «Volved, hijos míos, al seno de la Santa Madre Iglesia. Vuestros pecadillos de juventud están perdonados», parece que les dijo el bueno de Ratzinger.

En el Vaticano están todos chochos con la decisión de este Papa de paternal misericordia, y afirman que es un paso para la unión de la Igesia, amenazada por el cisma lefebvreriano. En aras de esa unidad, todos aplauden que la Iglesia Católica Apostólica Romana acoja nuevamente al obispo inglés Richard Williamson, cuya curiosa visión de la historia le hace sostener que ningún judío murió con gas, y que el Holocausto no existió.

He oído algunas voces que se alarman por el giro a la derecha de la Iglesia Católica. Sin embargo, creo que Ratzinger no hace otra cosa que poner la casa en orden, en un orden preconciliar, desde luego, pero orden al fin. Y yo me atrevo a sugerirle, humildemente, que para lograr ese orden tan necesario incontaminado de teología de la liberación, el Vaticano debería rescatar del olvido y hacer funcionar nuevamente el Santo Oficio de la Inquisición, una herramienta inmejorable para combatir a sangre y fuego las ideas disolventes de los curas tercermundistas o de ciertos negros abortistas.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje