Guerra, política y religión
Desde la más remota antigüedad, la unión de esos factores es indisoluble. Alejandro el Magno en su camino hacia el oriente tuvo que desposarse con la hija de un poderoso jefe de tribu para tenerlo de aliado y seguir con su plan de descubrimiento y conquista; Enrique de Navarra de protestante se convierte a católico apostólico romano y responde bien vale París una misa!; si estará preñada la historia de la humanidad de las vueltas y volteretas que dan los hombres (¿sólo los hombres?) por el poder. Ni hablemos de las seducciones que la célebre Nefertitis le hiciera en el faraónico Egipto a los ilustres y nobles romanos, Julio César y Marco Antonio. Una de las barbaries contra la cultura de la humanidad ha sido en esa zona mediterránea, la destrucción de la biblioteca de Alejandría por parte de los centuriones romanos.
A pretexto del conflicto en Gaza algunas reflexiones típicamente técnicas: se confrontan dos fuerzas, la del Estado de Israel y la de Hamas. Agresores y agredidos y viceversa, no es el objetivo quién tiene razón, quién disparó primero. Habría que remontarse a Moisés, al sermón de la montaña, a la historia de las 13 tribus, el advenimiento de Cristo y en la Edad Media, ¡media!, la aparición de Mahoma y luego la lucha de los herederos espirituales, hoy representados por las corrientes religiosas chiitas y sunitas. No nos olvidemos de las cruzadas por el Santo Grial (¡pretexto! El objetivo era la conquista y destrucción de Bizancio) o la expulsión violenta de los árabes de España en el Siglo XV. El objetivo de esta nota es el análisis del «casus belis».
Israel ataca para defenderse (argumenta). Tiene para lo último una altísima tecnología militar y una preparación para la defensa civil ejemplar. Por lo demás, aplica el principio de defensa nacional con el pueblo movilizado, y en preparación técnica, política y militar, abarca a todos: hombres y mujeres, niños y ancianos. Israel hace del arte de la guerra y sus leyes una política de Estado, si lo unimos al factor subjetivo, la espiritualidad que da la religión mosaica en un pueblo esencialmente creyente, con una tradición de sobrevivencia realmente ejemplar, tendremos un concepto de Estado Nacional sumamente fuerte, poderoso; sin lugar a dudas imbuidos de un aura de destino manifiesto. Si sumamos los factores objetivos y subjetivos, el Estado de Israel cuenta con una tecnología militar de primer orden, para la estrechez del área en disputa no sólo es un enemigo, sino un enemigo terrible, con una capacidad de fuego estremecedora y un poder de destrucción aniquilador.
Ahora bien, del otro lado de la franja de Gaza existe un poder político: la organización de Hamas. Una organización religiosa militarizada, con un objetivo político: destruir a Israel, y con una carga subjetiva de moral, de combate, tan fuerte como la judía. Hamas dispone de una estrategia: jaquear a Israel, erosionar y destruir objetivos militares, industriales, civiles. Ello supone un plan de hostigamiento constante, no con infantería, porque las condiciones geográficas no se prestan para una guerra regular. Ah! Entonces tendremos acciones de guerra irregulares, en un área estrecha, esencialmente urbana, en un combate de posiciones en que el objetivo es hostigar, destruir, aterrorizar. Para concretar dichas acciones es necesario disponer de artefactos pesados: misiles, morteros, cañones, si por ellos fuese, la bomba nuclear. Dichos armamentos, o se producen en la franja de Gaza, lo que supone una estructura de producción altamente calificada, o se ingresan de otro lado: se ha dicho que por túneles bajo tierra del vecino Egipto (vecino de Israel y vecino de los palestinos).
La estrategia de Hamas se enfrenta a un ejército regular, altamente calificado por aire, mar y tierra, con un gran dominio de las comunicaciones por vía satelital de los movimientos en toda la zona de guerra. Cuando esa máquina se pone en marcha: ¿cómo se para? Con otra fuerza igual, es el A, B, C de la guerra. El escudo, el poder de fuego igual o superior. Si no lo tienes, si además tienes un territorio acotado, un terreno que impide la maniobra (el paso atrás, el retiro, el reordenamiento, la retaguardia) el combate es esencialmente urbano, entonces el escudo es la gente.
Cuesta razonarlo pero los miles de muertos de Gaza indican que alguien está aplicando mal las leyes de la guerra. Salvo que ese sea el objetivo: atraer al enemigo y que destruya; lo material se repondrá. Sólo Arabia Saudí otorgó ya ¡1.000 millones de dólares! para reconstruir, y las vidas humanas serán ofrendas al jardín de las fuentes frescas, porque la lucha es eterna y el enemigo es eterno.
Entonces, estamos ante acciones virtuales alejadas de lo que llamamos sentido común. Ya no sólo en la política, porque el Hamas es una fuerza política, sino en el estricto arte militar, y sus reglas.
Toda guerra, toda acción militar tiene un componente que se denomina logística, en la cual se destaca la sanidad, como un factor esencial, y en este caso en que la población es el escudo, no estuvieron claras las valoraciones de logística necesarias para curar heridos y salvar vidas.
¿Acaso hubo un error de previsión? ¿Acaso un horrendo mal cálculo político en medir la realidad, subestimando la agresividad política del Estado de Israel, quien con sólo el título de la operación «Plomo Fundido», da idea de la violencia y la ferocidad que encarna la acción bélica?
La guerra en Gaza pues, deja muchas zonas oscuras para interpretar con cabalidad el estallido de un conflicto que, iniciando el año 2009, nos coloca ante el rostro severo y grotesco de la guerra en lugar del vuelo de la paloma que inspirara en Picasso el símbolo de la paz.
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