De sospechas y transgresiones

El título para la «película» de ciertos comentarios actuales bien puede ser: «Los asustados por el derrumbe de lo viejo y los que luchan por lo nuevo». El derrumbe de lo viejo ­desde 1971- se llama Frente Amplio. Él es la herramienta política de la inmensa mayoría de los que lucharon y luchan por lo nuevo. Pero la Historia suele ser una señorita esquiva que deslumbra con sus picardías. Años después (2009) el derrumbe de lo viejo tiene asustados a destemplados frenteamplistas. Tanto que, por primera vez disparan contra el candidato electo por el 71 por ciento del Congreso, y le acusan de demasiado transgresor, de sospechoso de afinidad con los gobiernos `populistas’ (antes, todos los frenteamplistas, decíamos antiimperialistas), hasta se le compara con Hitler y se diseña una estrategia para derrotarlo basada en la reducción del «casco militante» del Frente.

 

¿Qué hay detrás de tal proceder? Lucha de clases -y profunda- en el terreno de las ideas, entre defensores de un bloque social y político amoldado al capitalismo como sistema mundial y otro que lucha por romper el molde. Que muchos izquierdistas de «la gente bien», admita que los niños mendigos, los adolescentes desdentados, las mujeres obesas por desnutrición y los junta papeles de los carritos se embadurnen el rostro con los colores de la bandera que fue de Artigas y de Otorgués, que digan «puédamos» en vez de «podamos», que se distraigan mientras se pronuncian magistrales piezas oratorias… vaya y pase, pero ¡todo tiene sus límites! Los límites están dados por «los valores básicos» que nos enseñaron los liberales como «verdades evidentes»: las «libertades individuales», «la separación de poderes», la filosofía de las elites, la «izquierda» pulcra, esa socialdemocracia archifracasada en la «culta» Europa y en el resto «inculto» del mundo.

 

A esos acompañantes de los enfermeros del sistema y enfermeros al fin, ni se les pasa por la cabeza que las «libertades individuales» de los marginados, miserables, enajenados por la subcultura que les impone el sistema, son «libertades» muy acotadas en el mejor de los casos; que «la separación de poderes» suele ser una ficción (la Justicia interviene sólo si lo autoriza el Ejecutivo, en la Ley de Caducidad); que la sabiduría y la ignorancia no son cotos cerrados de las elites y de los boliches respectivamente; que la socialdemocracia no es la «doctrina» del Frente Amplio.

 

Esos «cultores de la propaganda» saben muy bien que sin «casco militante» y sólo con «redes» en Internet, no se derrota a la derecha reaccionaria. Pero, ¿quieren derrotarla?

 

Una cuestión previa a dilucidar ­a saber si Mujica tiene atributos de Presidente, o de líder de la liberación nacional, o como quiera llamarse- es el derecho de los militantes a resolver los asuntos de su fuerza política de izquierda. Es el derecho a elegir a quienes consideran transgresores Es el derecho de la fuerza política a superarse a sí misma. Es el derecho a combatir el sistema sin amoldarse a él.

 

Las discrepancias que hayamos tenido o tengamos con Mujica no quita que sea el candidato del Frente Amplio: candidato acreditado ­ a diferencia de otros, del pasado o del presente- por haber tenido y tener un compromiso militante sostenido en las condiciones más duras; candidato que debe ser defendido para profundizar este proceso de transformaciones, que se inició con tibieza, pero que tendrá que «calentarse» para afrontar la crisis del capitalismo que golpeará a nuestro pueblo.

 

Debe ser acompañado para que Uruguay coopere con los procesos de Paraguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Cuba, Palestina, etc.; debe ser acompañado para que coopere y se pare con dignidad pero sin soberbia, con fraternidad pero sin ingenuidad, frente a los poderosos vecinos y hermanos (Argentina y Brasil) sin los cuales, y sobre todo, en contra de los cuales, agudizaremos la triste condición de Estado tapón. Debe ser acompañado, agrupando en el Frente a aquellos que estén por la Integración Latinoamericana y por Soluciones de transición al Socialismo.

 

No nos detengamos por los asustados y sigamos luchando por lo nuevo.

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