EDITORIAL

Obama no dijo nada

Barack Obama, el nuevo presidente de Estados Unidos, congregó a una multitud, en su mayoría negros y latinoamericanos, el día que asumió la presidencia de la principal potencia mundial. No hizo más que confirmar lo que había dicho durante su campaña electoral, con la que logró conmover al electorado que no es blanco y por cierto más humilde.

Se presentó ante el mundo como un predicador y a la vez filósofo, promotor de valores y de conceptos éticos que son propios del pensamiento liberal, aquel que surgió con los gestores de la revolución francesa.

En un país racista como está dejando de ser Estados Unidos, el contenido del discurso de Obama y de su propio color de piel depositado sobre la Constitución, no es poca cosa. Y no es poca cosa para los estadounidenses, pero tampoco para el mundo entero, donde los prejuicios raciales no son solo patrimonio de los «rubios del norte», como definía Herrera a los estadounidenses.

El líder parlamentario de Cuba, Ricardo Alarcón, fue cauto pero generoso cuando llegó la hora del análisis: «Fue un discurso muy interesante, muy bien hecho, muy bien expresado y hay que leerlo con interés». Con estas palabras, Cuba dejó una puerta abierta a un posible diálogo, no sin antes decir que el saldo del discurso «es un gran signo de interrogación».

Pero lo más impactante fue que Obama no dijo nada referido a la crisis económica y financiera. Si comparamos el discurso de Tabaré Vázquez el 1º de marzo de 2005, quien reseñó el programa del Frente Amplio hasta con lujo de detalles y lo expuesto por Obama, comprobamos que las distancias son oceánicas.

Mientras que Vázquez comprometió su programa y el de su fuerza política ante una multitud quizás mayor a la que acompañó Obama, si comparamos en relación a la población de cada país, el nuevo presidente de Estados Unidos no se atrevió o no se animó a anunciar una sola medida económica o financiera. Como era de esperar, las bolsas cayeron de inmediato, aunque no de forma dramática. Es que los inversores y los especuladores reclaman, aunque ellos las violen, reglas de juego claras.

Obama, que sabe bien que es el nuevo presidente de la mayor potencia mundial de la cual depende el capitalismo, no tuvo una sola referencia sólida al resto de los pueblos. Se limitó a referirse al terrorismo, acusándolo con firmeza, y a la posibilidad de establecer alianzas con otros países que piensen como Estados Unidos. Nada nuevo bajo el sol. Latinoamérica no existe ni en el discurso ni en las emociones del nuevo presidente de Estados Unidos. Quizás sea para mejor, porque cuando América Latina ha sido de interés de Estados Unidos, ha sido para peor. A pesar de esto, desde estas tierras hay que seguir bregando para que nuestras ideas, nuestra culturas y nuestros intereses penetren en los muros de la Casa Blanca, para así establecer un nuevo diálogo que nos favorezca a todos.

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