EDITORIAL

Barack Obama y el alerta de Plejanov

«Así pues, vemos que, gracias a las peculiaridades singulares de su carácter, los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad. A veces, su influencia llega a ser muy considerable, pero tanto la posibilidad misma de esta influencia como sus proporciones son determinadas por la organización de la sociedad, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan. El carácter del individuo constituye un ‘factor’ del desarrollo social sólo allí, sólo entonces y sólo en el grado en que lo permiten las relaciones. Se nos puede objetar que el grado de la influencia personal depende asimismo del talento del individuo. Estamos de acuerdo. Pero el individuo no puede poner de manifiesto su talento sino cuando ocupa en la sociedad la situación necesaria para poderlo hacer». (Jorge Plejanov, ‘El papel del individuo en la historia’).

La afirmación del revolucionario ruso (1856-1918) vale tenerla en cuenta, cuando observamos con atención y no poca expectativa el hecho de que un hombre negro, Barack Obama, asume hoy la presidencia de Estados Unidos, la mayor potencia mundial, a pesar de la grave crisis financiera y económica que está sufriendo y que contagia al resto del mundo. La presidencia de Obama es la expresión de un proceso democratizador que se desarrolla lentamente desde hace décadas en los Estados Unidos, donde el hombre blanco es propietario de los grandes medios de producción y promotor de las transnacionales, y lo fue hasta hoy del poder político.

Detrás de Obama hay millones de mujeres y hombres ­negros, latinoamericanos, árabes y asiáticos­ que tienen una sensibilidad y una cultura distinta, más próxima al progresismo latinoamericano y europeo, que son ajenos a las ideas más retrógradas y oscurantistas. Igualmente la idea de la gran potencia, de que el «sueño americano» es superior a los otros sueños de otros pueblos, pervive en la dirigencia y en el electorado demócrata y también en Obama.

Por todo esto es impensable que el nuevo presidente haga una autocrítica profunda del actuar de su Estado, con el fin de renovar a Estados Unidos con una visión y una sensibilidad nueva que le permita salir de la crisis, pero sobre un capitalismo construido sobre nuevas bases. Obama llega al gobierno con una gran prioridad: sacar a Estados Unidos de la crisis y atender las crecientes demandas de amplios sectores de la población que pierden su trabajo y sus ahorros, a la vez que ven caer sus ingresos. Hasta ahora los centros capitalistas mundiales, incluido Estados Unidos, han resuelto sus crisis volcando sus efectos contra los pueblos del tercer y cuatro mundo. Es de esperar, a pesar del cambio anunciado, que en esta materia haya continuidad de esa actitud negativa para nuestros intereses.

El poder económico en Estados Unidos sigue estando en manos de los mismos grupos de poder, que además tienen influencia decisiva sobre las fuerzas armadas y los aparatos de Inteligencia. Por eso, este hombre negro, inteligente y simpático, tiene por delante un gran desafío: saber si sus buenas intenciones y su talento son capaces de influir en un país que es la máxima expresión de desarrollo capitalista. Y lo que es peor, en crisis.

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