Relento, Maroñas, Zelmar y el FA

El triunfo de Relento en el José Pedro Ramírez y su vinculación con la familia Michelini, ya que «el hallazgo» de José Pedro Michelini de adquirirlo en Brasil por US$ 2.000 pasa a la historia del turf, es algo más que una anécdota, ya que indica los avatares que tiene el «deporte de los reyes», o para el vulgo «los burros», nos trae a la memoria implicaciones históricas que unen las carreras de caballos con los políticos y la política.

Corría el año 1971, años turbulentos que generaron impactos en la sociedad uruguaya que quisiéramos no recordar; pero la historia es la historia y es bueno mantener la memoria viva. Las consecuencias sociales y políticas de la época llevaron a que Rodríguez Camusso, Alba Roballo y el más destacado, Zelmar, rompieran con los partidos tradicionales y se incorporaran junto al Gral. Seregni a la conformación del Frente Amplio, dándose en el Uruguay algo inédito para aquellos tiempos: bajo un mismo lema electoral demócrata­cristianos, comunistas, socialistas y connotados parlamentarios de los partidos tradicionales.

La anécdota en relación a Relento deviene en los obstáculos que los dirigentes de aquel entonces del PCU, encontramos en la base de la incorporación de los parlamentarios de los partidos tradicionales; del origen blanco de Rodríguez Camusso, de su vinculación con Fernández Crespo y la huelga de los municipales de la década del 60; de Alba Roballo, según las bases «la demagogia de sus candomberos»; Seregni por ser militar, que militarizó la Universidad de la República y a los bancarios; votar bajo el lema de Partido Demócrata Cristiano; y Zelmar, porque era un asiduo concurrente al Hipódromo de Maroñas, y su inclinación hacia los caballos de carreras.

Eran los planteos primitivos que sólo admitían que, en política sólo caben los «principistas»; considerando «desviaciones burguesas» las carreras de caballos, ni que hablar de veranear en Maldonado o Punta del Este, o como Seregni, que era accionista de una empresa privada.

Por supuesto que abrimos una lucha despiadada por derrotar posturas arcaicas nostálgicas de la revolución rusa: «paz a las chozas, guerra a los palacios», que lo que escondían era una incomprensión de la sociedad real. Afortunadamente triunfamos en la fundamentación de crear una fuerza política representativa de clases y capas sociales diferentes. Así nació el Frente Amplio: con amplitud, comprensión y profundidad.

Los tiempos no son los mismos, no porque se hayan estrechado los márgenes, sino porque se han ampliado los márgenes de la realidad, donde, más que nunca, se trata de hacer política igualando para arriba, y comprendiendo que la integración a la sociedad pasa por un realismo que supera el de 1971.

Estamos seguros que, si estuviesen presentes Zelmar, Arismendi, Juan Pablo Terra, Rodríguez Camusso, Alba Roballo y Quijano, estarían mirando el mundo como es, y no por el ojo de una cerradura estrecha de un ojo tuerto.

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