¡Que Jehová los perdone!
«Y ahora, una palabra para los judíos que están en Palestina. No tengo ninguna duda de que están yendo por un mal camino. La Palestina de la concepción bíblica no es un lugar geográfico. Está en sus corazones. Pero si ellos quieren considerar la Palestina geográfica como su hogar nacional, es erróneo entrar en ella bajo la sombra de los fusiles ingleses. Un acto religioso no puede realizarse con la ayuda de las bayonetas o de las bombas…» Mahatma Gandhi, 26 de noviembre de 1938.
Así se expresaba Gandhi en uno de sus tantos escritos a propósito del problema –diez años antes de haber sido decretado el Estado de Israel– en Palestina. Más de sesenta años después, las mismas prácticas terroristas que él denunciara se siguen aplicando, ya no con bayonetas, sino a punta de bombas de fósforo, para la destrucción masiva, impune y salvaje del pueblo palestino. Ahora, gracias a los fusiles norteamericanos y al dinero, lobby y estafa de los supuestos defensores de la «causa judía». En realidad jamás hubo –salvo por breves momentos excepcionales– una política distinta a la militarista, de cuño nazi fascista.
Bien planificada la operación lanzada contra la franja de Gaza, ella no es producto tal y como sostiene el gobierno de Olmert (acusado por corrupción), de una reacción defensiva. Este argumento es útil para los ingenuos, para aquellos que ignoran la historia o tal vez para una opinión pública apática, condescendiente o cómplice.
La finalidad sigue siendo la misma; disminuir hasta exterminar al pueblo palestino, expulsarlos de la tierra prometida, expandir el gran Israel. Esa fue su historia durante más de seis décadas. El objetivo particular ahora es eliminar todo rebrote de la resistencia palestina, representada por Hamas, y tener fronteras seguras (¿?), extraño eufemismo.
Pero cuando se trata de defender la libertad y luchar contra la opresión y la tiranía permanente, la violencia está justificada, aún por la Iglesia Católica, apostólica y romana. Y por tanto el mundo occidental no le puede exigir a Hamas que detenga sus agresiones a Israel (que efectivamente sí constituyen actos de defensa de una dignidad usurpada), mientras los israelíes han dejado a los palestinos enjaulados, literalmente prisioneros en su propia tierra, sin agua, ni víveres, ni medicamentos, ni una producción autónoma, ni nada para sobrevivir, desamparados y aislados del mundo. Y no se le puede pedir al pueblo palestino que no se resista ante la vileza de los actos del ejército invasor, que destruye escuelas y mezquitas porque allí se refugian milicianos. No tiene contrafuerte alguno el argumento del invasor.
Y en Gaza fueron cercados los palestinos, pero no fue ayer ni hace tres años, están siendo sitiados y constantemente agredidos con todos los dispositivos más sofisticados y modernos que uno se imagine, pero también con los más antiguos métodos y a puro terrorismo desde hace largo, largo tiempo. Sí, desde la propia creación del estado de Israel y mucho antes también.
Y lo mismo pasa en Cisjordania, donde han construido el muro de la vergüenza, y lo mismo han realizado en el Líbano, con el propósito de desarmar, aniquilar el Movimiento Hezbolá, misión fracasada por cierto. Tal vez la operación «Plomo Fundido», denominación de los modernos y civilizados métodos de exterminio, sea también una necesidad de mostrar «buenos resultados» en la interna (poco antes de las elecciones en Israel) y confirmar la superioridad militar aún vigente de sus Fuerzas Armadas. Más y cada vez peor de lo mismo.
Y la ONU declara y exige cese del fuego y el gobierno de Israel desobedece; y el mundo condena, y el Estado de Israel se sonríe con ironía y desparpajo, bien propio de los soberbios… que una vez fueran tratados sin piedad, recuerdo que vaya si les ha dejado una lección: hagan a vuestros hermanos lo que nosotros les hicimos. Ejemplar enseñanza que les ha dejado el triste y mal recordado nazifascismo. ¡Qué Jehová los perdone!
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