La guerra y Obama

El advenimiento de Obama al podio presidencial del Imperio, tal vez por ser un cambio de partido político, aunque históricamente han sido iguales o peores los demócratas que los republicanos en intervenciones internacionales imperialistas, o por ser un hombre de color en un país segregacionista de siempre, incluyendo sus orígenes humildes alejado por cierto del sajón rubio, cruel y frío tradicional, ha encendido una expectativa mundial, sobre la humanización del Imperio. Agréguese que al menos en lo ideológico predicando preelectoralmente, opuesto al «alcón» Bush que no perdía ni aún pierde al irse.

Oportunidad de estar metido en cuanta guerra, cuanto más feroz mejor, anda por el mundo. Claro, es muy cierto que por poco que pueda hacer después de Bush, es un aparente logro superior. Pero también es cierto que la presidencia de los EEUU no es algo que se resuelva periódicamente por la voluntad aislada del Presidente. Es obvio que las presiones e imposiciones son brutales. Y al ejemplo me remito, cuando Kennedy quiso salirse de los esquemas, lo mataron.

Los intereses imperiales económicos, industriales, sociales a ciertos niveles mandan. Wall Street, que por cierto no es todo de los yankis, hay socios tan poderosos que manejan esa economía y que a la vez dominan el mundo, impiden la paz y el equilibrio del orbe. O sea, las guerras, por citar lo más grosero, son necesarias para el mantenimiento del monstruo y su poder. A título de ejemplo, en caso de un milagro, por el que se pudiese llegar a una especie de «pax romana» por un tiempo más o menos prolongado, qué hace la USA y sus socios todos con grandes fábricas e industrias armamentistas paradas y por falta de conflagraciones. Y no sólo las armas propiamente dichas, sino todo lo que gira en el entorno y dependen de ellas. Alimentar masivamente toda la estructura militar más todos los mantenimientos restantes, si carecieran de la posibilidad cierta de carencia de los hidrocarburos: ejemplo: petróleo, ajenos. En buen romance, si no hay intervenciones con sus guerras correlativas, porque aunque sean poderosos los imperios, los auténticos dueños de esas riquezas es lógico que resistan y luchen por conservarlas. Aquellos sufrirían una inflación terminal.

o sea, pensar que Obama, por macanudo que sea, va a ser muy diferente de Bush, es pecar de ingenio y crédulo.

Es más, deben mantener, si no las hay se inventan, esas intervenciones que además no solo se retroalimentan, sino que mantienen y les dan seguridad perpetuando a los «socios» estratégicos e incondicionales, que les permitan una vez conquistados esos territorios y sus riquezas usufructuarlas a perpetuidad. Es el caso del petróleo. No importa si hay o no genocidios y masacres espeluznantes. La vida se suple. Unos mueren y siempre hay quien nace en ese subdesarrollo. En cambio el petróleo, no. Y si no lo consiguen, no hay posibilidades de obtener el poder. ¡Y eso es horrible para ellos, tirar tropas y en pocos años, tal vez calculaban el 2010, volver a «casa» abandonando Irak y Palestina con Afgania inclusive, hoy anuncian 20.000 o 30.000 soldados más para, claro está, «pacificar» la zona… Parece ser que las bayonetas son el argumento de paz de los imperios.

O sea, en castellano básico, la «paz de los cementerios». La franja de Gaza es el ejemplo más reciente. No lo digo yo, lo están condenando incluso las grandes potencias ante la desproporción de fuerzas y de víctimas. Llevan más de 400 muertos en los bombardeos recientes, contra alguna docenita del lado árabe. Por supuesto, todo terrorismo es condenable como los crímenes de lesa humanidad particularmente, poblaciones civiles donde la mayoría de las víctimas son niños, mujeres, viejos y enfermos. Pero, para los imperios, es el costo más barato. Lo caro, lo necesario, es el oro negro que está debajo. ¡No puede ser ni árabe, ni iraní, ni afgano, palestino o iraquí, debe ser nuestro. De occidente y, para ser más específico, de los rubios del norte y sus dilectos asociados. ¿Qué importa si a Gaza la dejan sin agua en zonas desérticas, sin remedios ni comida creándose estados de desesperación de horrorosos? ¿Alguien calculó últimamente –es monstruoso el dólo decirlo–, el costo de un niño árabe, de su padre y madre, sin perjuicio, es obvio, el de un ciudadano común islamita, comparado con igual yanquis?

El yanki tiene otra preparación más costosa y su mantenimiento, sin dudas, muy superior. Sin contar medios de vida, costumbres y demás etcéteras. Cada soldado implica un costo y los ciudadanos que indirectamente o directamente los apoyan, lo mismo. Un moro o afgano, de túnica raída, en chancletas y viejo turbante escorado no vale un mísero «maravedi». Menos quedarse con el petróleo.

Dejando por un momento de lado los sentimientos cristianos de que todos somos «hijos de Dios» y valemos lo mismo, orientales, yankis, iraníes, judíos, palestinos ingleses o el que se quiera elegir, la vida humana es manejada con otro criterio por lo que disponen de las fuerzas económicas de la City Neoyorkina.

Y esos valores naturales y derechos legítimos de cada Nación a sus riquezas propias, el más puro nacionalismo, importan un bledo. Por supuesto, no lo dicen.

Pero es la justificación y única explicación a todas las masacres, genocidios y depredaciones existentes en la actualidad. Si los «chicos» se defienden son terroristas. Si los poderosos hacen lo mismo, defienden la libertad, la democracia, y se puede agregar su derecho «legítimo» a quedarse con lo ajeno. Por la razón de las bestias. La fuerza.

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