EDITORIAL

Políticas de Estado y partidización

Las políticas de Estado son la base real sobre las que se puede asentar un proceso genuino de crecimiento y democratización de un país. Naturalmente que no se puede simplificar el problema en esta definición, pero el lector concordará en que necesariamente se tiene que partir de esa base. ¿Porqué? Si cada cinco años tenemos que soportar una política impositiva, educativa, sanitaria, industrial diferente, seremos lo más parecido al cangrejo (como en parte ha sido la historia de nuestro país).

Si hay algo que no se le puede criticar a este gobierno, es la preocupación por impulsar el desarrollo de políticas de largo aliento y consensuadas en numerosísimos campos de la vida nacional. Las propuestas son abundantes; refrescaremos la memoria del lector sin pretender cansarlo, pero recordemos la política energética, la industrial, de inversiones, las políticas de priorización a algunos rubros de la producción, la salud, la educación, políticas hacia la modernización y transparencia en los medios de comunicación, en los partidos políticos, en fin, innumerables iniciativas en las que, en algunos casos, se logró consensuar con la oposición y en otros no. A menudo ha sucedido que lo propuesto por el gobierno y rechazado por la oposición fue postulado posteriormente por ésta como fórmula salvadora, como sucede ahora en el caso del Fondo Agropecuario de Emergencia, votado en contra en su momento por los blancos y reclamado ahora.

Construir políticas de consenso no implica uniformidad de pensamiento, sino compartir ideas básicas y objetivos estratégicos, el resto, es decir la forma, el camino a seguir para ello, lo define quien gobierna. Existen campos en que se ha ido avanzando y otros en los que se podría avanzar.

En otros, es muy difícil (no nos imaginamos a la derecha compartiendo la política de apoyo a los micro, pequeños y medianos empresarios, ni a los pequeños productores rurales, ni la financiera, ni la de salarios), ya que las filosofías son, en algún caso, opuestas totalmente.

De todas maneras se debe hacer el esfuerzo para avanzar en todo aquello que se pueda, porque lo que está en juego es el futuro del país. No alcanza con declamar «primero está la Patria, luego el partido», no se trata de continuar con fórmulas huecas que hemos escuchado toda la vida, sino de hechos concretos. Tenemos que realizar en nuestro país una interpretación propia de lo que ha sido el proceso de la Unión Europea, avanzar en políticas macro (las que se pueda), con la grandeza de prescindir del lugar que se ocupe (gobierno u oposición).

El Frente Amplio, cuando la crisis generada por la ineptitud del gobierno de Jorge Batlle, lo apoyó y en ningún momento se ha levantado esta postura como bandera partidaria. Ese tipo de mentalidades deben primar en el espectro político. Debemos superar el oscurantismo de muchos políticos, esa concepción cuasi feudal que prima en muchos gobiernos departamentales que no permiten «intromisiones» en su departamento. ¿Qué sería de EEUU, de Brasil, de Argentina, si tuvieran esa peculiar concepción que campea en algunos partidos de que la Autonomía Departamental es intocable, sin importar si lesiona el bien general del país?

Por último, a vuelo de pájaro, se hace necesario señalar que cuanta más cristalinidad exista, cuanto más consenso se logre, cuantos más mecanismos de consulta y participación ciudadana se construyan, más democracia real tendremos en el país, ¿o es que ya nadie recuerda que tenemos ministros vitalicios en la Corte Electoral y en el Tribunal de Cuentas?

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje