Periodistas versus gobiernos
No sólo Tabaré Vázquez en Uruguay, el matrimonio Kirchner en Argentina y «Lula» en Brasil, tienen su desconfianza si no de todos, de varios periodistas que más que informar objetivamente lo que todos sabemos no es nada fácil están jugados a una franca oposición al gobierno. En algunos casos aun jugándose el poco prestigio que tienen entre la gente, no faltan aquellos que «inventan» noticias por el mero afán de llevar la contra. En nuestro medio todos sabemos quiénes son pese a que algunos, increíblemente, se las ingenian para criticar al gobierno y además contar en sus medios ya sea radiales, escritos o televisivos con profusa publicidad oficial. Lo que hace un tiempo provocó un verdadero «terremoto», cuando desde la oficina de prensa de un organismo oficial, uno de sus integrantes dijo lisa y llanamente y muchos compartimos su modo de pensar que ¡a los enemigos no había por qué arrimarles publicidad desde los organismos del Estado!
Hay periodistas a los que innegablemente el triunfo del Frente Amplio los ha «descolocado» en su diario vivir. Su «camiseta» la que en ciertos momentos hábilmente escondieron se la han sacado y como a los jugadores de fútbol cuando festejan un gol, les ha costado más de una «tarjeta amarilla». Todos sabemos quiénes son y el sesgo que demuestran en algunas de sus opiniones hace que el «partido» se les vaya de las manos, lo que en un mundo de lectores inteligentes como el nuestro no pasa desapercibido. (¡No queremos pensar qué será de ellos si el Frente, como es casi seguro, obtiene en primera o segunda vuelta de nuevo el triunfo y continúa dirigiendo los destinos del país!)
Todos sabemos que ser objetivo no es tarea fácil para la mayoría de los periodistas. Ni aquí donde sus críticas a veces causan risa, lo mismo que en Argentina, si bien del otro lado del Plata el gobierno no hace muchos méritos para evitarlas. Claro que mientras en Uruguay el gobierno se molesta y mucho con ese proceder, rara vez le saca el cuerpo al reportaje y a la entrevista pactada u ocasional, aunque por momentos se enfrenta a preguntas realmente mal intencionadas, por no decir de inexistente calidad. En Argentina el actual gobierno no anda con vueltas. No da lugar a demasiadas intervenciones, critica duramente a medios que como «Clarín» y «La Nación» considera enemigos de la Casa Rosada y, de ser necesario, a través de gremios amigos a veces les provoca «molestias» fuera de lo común.
Recientemente en Brasil el presidente Lula da Silva ha dicho muy suelto de cuerpo que «los diarios le provocan acidez», lamentando la «actitud prejuiciosa» de algunos medios contrarios a su gobierno a los que incluso ha dejado de leer, «lo que no necesita si quiere saber la realidad del país».
Lo que resulta paradojal es que en no pocas oportunidades, las consideraciones analíticas maliciosas provienen de medios de otros países. Mal que en los actuales tiempos está viviendo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el que piensa denunciar a «El Mundo» de España, «La Stampa» de Italia y «The Washington Post» de Estados Unidos, según lo anunció días atrás el canciller Nicolás Maduro. «Queremos tener derecho de réplica en los medios», dijo Maduro, «y si no lo logramos, de todos modos le haremos saber a todos quienes quieran escucharnos, que la actitud de esa prensa de derecha, para con un gobierno constitucional como el de Venezuela, encierra procederes malignos que, lamentablemente, se ven reflejados en otros medios donde sus noticias son «rebotadas».
Antes de hacer notar lo que han afirmado esos tres importantes diarios, atacando a un reiterado ganador de elecciones como Chávez, digamos que también en Uruguay, al igual que a Cuba, los ataques a Venezuela son moneda corriente en la prensa de derecha, pese a que cuando alguien por el mundo opina sobre Uruguay mal o bien son los primeros en defender el «sagrado principio de no intervención».
«The Washington Post» ha venido hablando, respecto a Venezuela, de que «sólo mediante la fuerza o la trampa» se aprobará la enmienda constitucional para la reelección indefinida de Hugo Chávez. La reacción del presidente no se ha hecho esperar: «¡Que los yankis nos traigan las pruebas!»
«La Stampa», por su parte, ha asegurado que los vuelos entre Venezuela e Irán sólo se utilizan para transportar tecnología militar. Tampoco el derechista diario italiano ha mostrado prueba alguna que avale su temeraria afirmación. Por último cabe acotar que «El Mundo» de España ha planteado un supuesto convenio entre organismos venezolanos y la organización terrorista vasca ETA, para apoyar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En los tres casos la Cancillería venezolana ha reaccionado con dureza, calificando, entre otros, de «retrógrados», «racistas» o «sucios» a dichos medios, donde sus absurdas e infundadas opiniones son «levantadas» por la prensa opositora de Venezuela.
Como puede observarse, si bien los periodistas que se manejan equivocadamente en Uruguay son «Bambi» comparados con estos colegas de Estados Unidos, Italia y España, cada día resulta más difícil para quienes han alcanzado el poder luchar contra este «enemigo» que algunas veces por más oculto que esté, resulta fácil percibirlo en acción.
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