EDITORIAL

De la "política del cataclismo" a la realidad

No genera mayores inquietudes a nadie que los partidos políticos de la oposición (cada vez nos acercamos más al esquema europeo de izquierda y derecha como bloques), con excepción del Partido Independiente, que se inclina hacia uno u otro lado, planteen a la ciudadanía un panorama caótico, un presente caracterizado por los errores de todo tipo y un futuro aún peor. Forma parte del juego de la democracia acentuado por la proximidad del período electoral.

Lo que es más inquietante es si piensan encarar una campaña electoral en base a supuestos errores o carencias del actual gobierno. En realidad deberían presentar algo más o menos prolijo sobre lo que harían con el país en todos sus diferentes rubros de la economía, en materia social, energética, educativa, sanitaria, de comercio exterior, captación de inversiones extranjeras, disminución de la brecha entre ricos y pobres, etcétera, etcétera.

Hasta ahora nos han presentado un país que es un caos, donde según el doctor Lacalle no se respeta la ley (¿cuántos ministros de Economía tiene procesados este gobierno?) y el doctor Posadas nos informa que la familia ha perdido su lugar en el entramado social y que eso es muy importante. Muchas gracias por el aporte, doctor, pero, de ahí a presentar un programa de gobierno para un país que está aspirando a ser serio, a subir de categoría, a aumentar su producción agropecuaria, industrial y los servicios, ser un polo logístico regional, un centro de tecnologías de la información, una sociedad donde todos tengamos posibilidades similares, en la que se está buscando asentar definitivamente la industria automotriz, la naval, se apuesta a contar con gas natural propio e incluso petróleo, estamos muy lejos.

Pero además, se han encargado de generar una especie de clima de tsunami con respecto a la crisis mundial que tan precisamente definiera Cristina Fernández de Kirchner como «estafa mundial de los popes de Wall Street». Todo el futuro es negro, no hay salidas, hay que dejar de invertir (el Estado) generando desempleo, hambre, aumentando la desigualdad, provocando conmoción social, de manera de preservar los «verdaderos » pilares del país (el agro, grandes industrias, trasnacionales, importadores, exportadores, bancos).

Se reitera una vieja receta que todos sabemos que no ha dado resultado (hasta el FMI lo ha reconocido).

En algunos sectores de nuestra sociedad ilustrada no se ha entendido que el país está generando políticas de largo plazo pero con la particularidad de que les sirvan a todos los uruguayos, no se quiere entender que el salto que el país necesita se basa en proyectos de largo plazo que se van desarrollando y los resultados no son inmediatos.

Todos quisiéramos que el país duplicara sus exportaciones, su PBI, el ingreso per cápita de los uruguayos lo antes posible, pero para ello debemos poder concretar una serie de pasos (que por ejemplo pasan por la integración regional con apertura hacia el mundo, o buscar la forma de que nuestros profesionales no emigren, como tantos otros obstáculos a superar). Lamentablemente la derecha uruguaya no está dispuesta a tener en cuenta otros intereses que no sean los propios y parece que la mejor forma de hacerlo es apelar constantemente a la política del terror, del desastre, del futuro negro y sin horizonte.

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