Vivir como en Santa Teresa

Miles de uruguayos y extranjeros están «conviviendo» en estos días, como cada verano desde hace 60 años, en el Parque Nacional de Santa Teresa. Construido en torno a la Fortaleza de Santa Teresa , km 302 de la ruta 9, a 40 kilómetros del Chuy, en las primeras décadas del siglo pasado, por idea y dirección de Horacio Arredondo y un grupo de pioneros. Se plantaron cientos de miles de árboles autóctonos y de especies exóticas de todo el mundo que rodean hermosísimas playas atlánticas.

 

Santa Teresa tiene un entorno natural y silvestre inigualable de 1.050 hectáreas, que lo hacen un rincón privilegiado de la Tierra. Allí se cultivan 330 especies distintas de rosas, hay invernáculo, sombráculo, cactario, vivero, peces, la pajarera, la laguna de Peña, la laguna Negra, el Potrerillo, reserva ecológica…todo es una maravilla.

 

Un lugar fundado y cuidado  por un grupo de familias

Mi abuelo fue uno de los pioneros de Arredondo. Allí, en La Moza, se casó y crió a su familia, trabajando como guardián hasta jubilarse. Igual sucedió con el único varón. Sus tres hijas se casaron con jóvenes acampantes montevideanos, pero mientras tuvieron salud no hubo verano en que no volvieran. Si bien el Parque está bajo el cuidado militar, la mayoría de los trabajadores es gente de la zona, en buena parte descendiente de aquellos primeros fundadores. El cuidado, el esmero, el orgullo de todos ellos, se traduce en que el Parque año a año se vuelve a presentar impecable, recuperado de cuatro meses de miles de humanos.

Está todo igual, pero con más gente

Voy al Parque desde que nací. Casi no ha cambiado nada. La misma infraestructura, casi los mismos servicios. Incluso durante la temporada se mantenían los horarios y costumbres del resto del año, cuando sólo vivían los cuidadores y sus familias. Nunca se lo pensó como una fuente de recursos turísticos. Por ejemplo, demoró mucho en que se empezara a cobrar la parcela para así obtener recursos para el mantenimiento. Incluso el Parque podría extenderse mucho más hacia el Chuy, ya que hay varios kilómetros hasta La Coronilla. Esa nunca fue la mentalidad.

Santa Teresa se conoció por el «boca a boca», por familias que durante muchos años ocupaban el mismo lugar que todos respetaban o hacían respetar al recién llegado. Familias venidas de todo el país, del Litoral argentino y del Sur de Brasil, fundamentalmente, que pasaban varias semanas acampando con cosas elementales. Con el paso del tiempo, mejores carreteras y transporte, mejor equipamiento para acampar, mayor conocimiento y difusión de lo que era el Parque, hicieron que mucha más gente llegara, de lugares más lejanos, por menos tiempo, y también con menos «espíritu campamentista», todo lo cual amenazó con destruir la esencia de esa vida tan natural y saludable.

 

Hagamos al revés

En vez de llevar «nuestros vicios» consumistas a nuestras vacaciones, vivamos el resto del año con más vitalidad, espíritu aventurero, disfrutemos mucho más de las cosas simples, sencillas, naturales, compartamos más tiempo y charla con nuestra familia, nuestros amigos o vecinos. Seamos más felices, por decirlo corto. Lo digo para mí también, que después de haber enviciado a mi familia con Santa Teresa y todo Rocha, este año me toca quedarme mientras parte de ella está disfrutando a pata ancha. Y lo hacen a pesar, por ejemplo, de que no queda ni un comestible en las cantinas. Pero eso nunca fue un obstáculo ni lo será cuando la naturaleza está en su máxima expresión y nosotros vamos por ella, buscando una manera de vivir más plena, más vital, más natural, más saludable y divertida.

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