2009, año de la audacia

Mi generación ­peyorativamente rotulada de «sesentista»- aprendió a distinguir entre aventura y audacia. Y sabe lo fino que debe hilarse para diferenciarlas. Aventurera es una acción, actividad o conducta sin reflexión, librada a la casualidad, a la `buena de Dios’, a `tirar los dados’. Audaz, es promoverlas meditadamente, sopesando seguridades y riesgos, estudiadas y re-estudiadas, pero que, en todo caso, como la Historia no está predeterminada, ni responde a los designios de un buen dios, tiene siempre una cuota de imprevisión y riesgos. Cuando en la Sierra Maestra ­tras el desembarco de los hombres del `Granma’ y la muerte de 70 de los 82 de ellos- se reencuentran los hermanos Castro, Fidel pregunta a Raúl: «¿cuántos fusiles tienes?» Cinco, responde Raúl. «Pues ­prosigue Fidel- yo tengo dos, ahora sí ¡ganamos la guerra!» Sin audacia no se triunfa. Sepámoslo.

Los uruguayos, debemos reconocernos virtudes y defectos. Entre los últimos figura el envejecimiento, etario y mental. Se supone que los viejos son más conservadores y un país envejecido es un país ganado por el conservadurismo y los miedos. La educación impartida del `no te metas’, `no te arriesgues’, viene ganando la partida desde décadas. Tanto que ha logrado entreverar las edades: hay muchos jóvenes que son `viejos’ y algunos viejos que son `jóvenes’.

2009 puede y debe ser el año de la audacia. El año en que, como pueblo, nos tiremos al agua… a nadar y a enfrentar dos serios desafíos.

Primero, será un año en que la crisis globalizada del sistema capitalista ­cada vez más injusto, irracional y criminal- golpee con fuerza. Sus organismos rectores -Consenso de Washington, FMI, B. Mundial, OMC, centrales de inteligencia, medios masivos utilizados para la imbecilización, etc.- apuestan, como siempre- a que la crisis la paguen los desposeídos, los explotados, los trabajadores y las naciones oprimidas. Habrá que cerrarles el paso con propuestas, que para ser viables, chocarán contra el sistema y sus reglas de juego, fijadas por los ganadores.

Segundo, con vistas a las elecciones nacionales, el pueblo será bombardeado por los círculos del poder económico, político, cultural, mediático, etc. para volver al pasado, cuando los partidos del orden capitalista gobernaban. La propuesta única de esos partidos, apenas modificada con matices, será la siempre, la de expresar los intereses del bloque del gran capital dominante y descargar la crisis sobre las clases, capas y sectores populares. Tratarán de ser lacayos eficientes del imperialismo norteamericano o europeo, romper los atisbos de unidad sudamericana, abrir más el país a las trasnacionales, a las fuerzas armadas estadounidenses, a la penetración cultural degradante. Habrá que cerrarles el paso con un programa, con el candidato del pueblo y con sacrificio militante, que son nuestras armas.

Las decisiones del Congreso Z. Michelini obligan a los frenteamplistas, hayamos sido mayoría o minoría, mientras no nos retiremos del Frente. El programa, con las modificaciones introducidas, debe ser cumplido aún cuando haya discrepantes, sabiendo que ninguna resolución democrática está exenta de errores. Y el candidato de la inmensa mayoría debe ser asumido como el candidato de todos. Si ya es nefasto cuestionar las reglas de juego, después de jugar y perder el partido, o desconocer las resoluciones, suicida sería que con votos `prestados’ de los colorados más otros ciudadanos ajenos a la vida del Frente, se modificaran las decisiones de un Congreso.

¿Es Mujica igual a `los otros’? Eso es discutible. En todo caso, no importan las opiniones individuales, sino del pueblo. El pueblo lo quiere y con él al frente, avanzará. Y, si el Pepe no avanza el pueblo hará su experiencia y surgirán otros líderes.

El año de la audacia significará triunfo del Frente, Mujica presidente, y la profundización ­también con correcciones- del rumbo adoptado por el actual gobierno. Audacia y no aventura, frontera que delimita la presencia del pueblo. Esa audacia deberá asentarse en dos pilares provenientes de la Patria Vieja artiguista: un Estado fuerte y una Patria Grande para nuestras `patrias chicas’, forjando la integración sudamericana y latinoamericana.

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