EDITORIAL

Volviendo sobre Cuba

Nadie en Estados Unidos, especialmente sus organismos de espionaje y de seguridad, pensó que la revolución cubana festejaría los 50 años de vida. Pero eso ocurrió ayer en un acto austero, sencillo, pleno de compromisos, en el cual hizo uso de la palabra Raúl Castro, actual presidente de Cuba.

Esta isla caribeña, con una larga historia política y cultural, mostró que no es necesario resignarse ante la presencia agresiva de Estados Unidos, sino que se pueden buscar caminos de liberación y de dignidad.

Hace 50 años, unos jóvenes atrevidos, encabezados por Fidel Castro, le gritaron en la cara al imperialismo que estaban dispuestos a entregar sus vidas y sus sueños para que su pueblo saliera de la miseria y abrazara la cultura como un bien precioso.

Lo lograron: allí están sus sacrificados 50 años de lucha, que vieron caer el Muro de Berlín y resquebrajarse el muro del neoliberalismo. Y Cuba está allí sin doblegarse, sabiendo que en los próximos 50 años habrá que seguir construyendo su sociedad en base a los grandes principios y valores que la hicieron invencible, pero que necesitan de nuevas ideas y de nuevas generaciones.

Seguramente tendrán en cuenta el permanente llamado a la unidad que realizó Raúl Castro, quien con palabras de Fidel recordó que la revolución cubana no será derrotada por los enemigos de siempre, pero que puede quebrarse por problemas internos, en tanto se olvide que las revoluciones tienen su fuerza en el compromiso con los más humildes. Palabras sabias, que no solo son válidas para los cubanos, sino también para las propias fuerzas de izquierda y progresistas de Latinoamérica.

A pesar de las dificultades económicas, profundizadas en los últimos años por la agresividad de la naturaleza, Cuba tiene hoy una situación internacional, si se la analiza desde la región, mucho más positiva que aquel enero de 1959.

El reciente ingreso de la isla al Grupo de Río ha sido un gran espaldarazo a ese país dulce como el azúcar.

Hace pocos días, Marco Aurelio García, asesor de Lula, fue consultado sobre la relación de Brasil con Cuba. Su respuesta fue contundente: «Nuestra relación no es ideológica. No compartimos una serie de valores de los cubanos. Nuestro sistema político y electoral es diferente. Pero no es este el problema. Queremos ayudar a Cuba, como a Jamaica. Con la particularidad de que, con Cuba, hay un elemento de afinidad subjetiva.

Varias generaciones entraron en la política teniendo al modelo cubano como referencia, la forma como defendieron la soberanía y los cambios sociales implementados. Nos guste o no, cuando hagan un inventario de los grandes personajes del siglo XX, Fidel Castro va a estar en él».

Si Cuba sabe aprovechar la «afinidad subjetiva» que expone Marco Aurelio García, seguramente encontrará el apoyo internacional necesario para abrir una nueva etapa para ese pueblo de la alegría y la valentía.

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