Deporte-Violencia-Dirigentes
La actividad deportiva en nuestro país siempre ha sido marcada en la agenda de la mayoría de los uruguayos en un lugar preferencial. Es por esto que cualquier acontecimiento que involucre esta actividad tiene de por sí amplia repercusión y es un trampolín muy apetecible para muchos en su afán de ser protagonistas del acontecer nacional. Algunos sucesos en los últimos tiempos, fundamentalmente en los deportes más populares, no han hecho otra cosa que reafirmar la importancia que tienen estos en nuestras vidas cotidianas.
El fútbol ha colmado toda la paciencia. El deporte más importante de nuestro país no tiene piso. Siempre se puede estar más abajo, contrariamente a lo que se pretende en un deporte: la permanente superación. Los últimos veinte años han sido generalmente de desorganización, incapacidad dirigencial, incremento de hechos violentos vinculados a espectáculos deportivos y escasísimos éxitos deportivos. La suspensión de la definición del Campeonato Apertura 08/09 es el último eslabón (por ahora) de la cadena. Da pena observar cómo los dirigentes, principales responsables de la situación (violencia incluida) deambulan por los pasillos de la AUF, por los canales de TV, las emisoras de radio y las páginas de diario queriendo justificar lo injustificable y lo que es peor aún, sacarse la responsabilidad de arriba y adjudicársela a otro. Ejemplo: Ministerio del Interior.
En el fútbol hay que ser claro. La mayoría de los actuales dirigentes está formada en una escuela absolutamente ineficiente, es hija de la incapacidad y siempre ha demostrado la sumisión ante el poder externo (contratistas). Si tiene un poco de sentido de autocrítica tiene que dar un paso al costado. Tiene que prevalecer el interés general sobre el particular de cada institución. Por eso el Estado tiene que intervenir.
Se hace imperiosa la necesidad de aprobar en Uruguay una ley del deporte que recoja y adapte a nuestra realidad las experiencias internacionales existentes. El deporte profesional debe tener sus normas claras para ingresar a él y a su vez fomentar el amateur para los que no puedan ingresar en la categoría profesional, que sientan que son útiles en la concepción del deporte como una forma de educación y de estilo de vida de nuestros ciudadanos.
Tiene que existir un organismo superior a cada una de las federaciones o asociaciones que forman parte del deporte con la finalidad de evaluar resultados, procedimientos y cumplimiento de normas. No puede haber carta libre sin responsabilidad dirigencial. Tiene que existir política de Estado a nivel deportivo con objetivos a corto y mediano plazo.
Para el final el tema violencia. Hay que decir las cosas claras. Los grandes responsables de la violencia en el fútbol son los que crearon al monstruo. Es decir los dirigentes. Que a las autoridades gubernamentales quizá les haya faltado en alguna oportunidad una resolución más adecuada también lo comparto, pero de ninguna manera se puede sostener que el responsable principal es el Ministerio del Interior.
Por defender un «derecho» especial como es el de jugar en un estadio propio amparándose en una supuesta justicia deportiva, se está sembrando las condiciones para que la gente no concurra a los espectáculos y para que algunos se sientan más cómodos en sus intenciones violentas.
Se tiene que crear una policía especializada en la seguridad de los espectáculos deportivos. La seguridad en el deporte debe ser una especialización como lo son el combate al narcotráfico, los delitos financieros, los motines, etc., etc. Esta policía deberá ser financiada con porcentajes de la recaudación, porcentajes de ventas de jugadores, aportes del Estado y otras fuentes de ingreso que tenga el deporte profesional. Es una inversión, no un gasto, y se tiene que entender de esta manera.
Se tiene que refundar el fútbol y el deporte en general. El Estado debe jugar su rol. De lo contrario estaremos a merced de dirigentes que lo único que harán es sumergir más y más a una parte de nuestra identidad.
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