R. Correa Freitas, W. Abdala y Discépolo
Hay hechos o dichos que deben ser retenidos. Se les debe masticar, salivar y engullir. Y dejar que los sabios jugos digestivos hagan la suya. Sin este debido proceso se corre el riesgo de mala interpretación, o peor: de hacer malas conjeturas que devienen malas críticas.
Esto nos ha sucedido con comentarios que, a propósito de la renuncia del contador Noachas a la cumbre del Hipotecario hicieron, en aquella oportunidad, dos destacadas personalidades políticas del Foro Batllista, el senador Ruben Correa Freitas, y el diputado Washington Abdala (presidente de la Cámara de Diputados).
El honorable senador dijo, en la audición mañanera de Radio Sarandí, que «los códigos de la moral y la ética son de orden personal». Y el honorable diputado que «la ética no es la misma para todos». Y como su dicho fue más breve, agregó «un gigantesco abrazo» de despedida. Se entiende que ambas declaraciones lo fueron en carácter de justificación de la conducta del contador Noachas.
Lamentable, aunque podría esperarse de los personajes del Foro: aun en los comienzos brutos del liberalismo. Cuando la libertad saltaba de su corral de siglos.
Hoy, sigue siendo, ella, el imperativo propio de la ética política, pero se ha entendido que para ser como tal debe, se configura con diversos y ricos atributos que la potencian. Es del estricto pensamiento liberal adosarle, a la ética, la mecánica que postula para el producto y el mercado. La ética política debe ser también objetivamente justa.
«Aquí surge el orden de la tensión entre el derecho y la libertad. Fue una concepción unilateral del liberalismo tratar de fundamentar toda la política en la libertad, opinando que las cosas se regularían en ese caso por sí mismas» advierte Dar Gablenz. Y Rüstov afirma que «el liberalismo fracasó con la ficción acerca de la armonía del mundo».
El tema –serio si los hay– daría para largo. Otra vez será. Pero, como remate de pedantería se nos ocurre citar un clásico: «Cambalache» de un tal profesor Enrique Santos Discépolo es la imagen de la concepción ético política cero de los altos dirigentes foristas que dieron razón a esta nota.
Se les recomienda, por el bien de todos, que se instruyan y piensen; les conviene y nos conviene.
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