La campaña hacia las elecciones internas

De hecho, la campaña hacia las elecciones internas del Frente Amplio para la candidatura presidencial comenzó el día siguiente del Congreso. Ahí arrancamos desde el principio. En mi nota del martes 23 («Busque las diferencias») comentaba un artículo de Constanza Moreira en «Brecha» cuya conclusión era que en la nueva etapa recién abierta «las diferencias entre Mujica y Astori no serán las del Congreso, pero probablemente serán consistentes». Eso es precisamente lo que ahora se pone a prueba, no sólo en el ámbito del Frente y de sus adherentes, sino de la propia ciudadanía, y debería coincidir con una labor colectiva de fortalecimiento del FA y de incorporación de nuevos compatriotas y grupos a su seno como alma de la campaña.

Porque la misma deberá estar presidida por el objetivo mayor de ganar en primera vuelta las elecciones del 25 de octubre 2009, a fin de extender y profundizar durante los próximos 5 años la gran obra realizada por el mejor gobierno de la historia del Uruguay, el primero de la izquierda. No se explica que este tema haya estado casi ausente en el Congreso, cuando es la sólida base sobre la cual habrá de estructurarse la campaña electoral por un nuevo gobierno del FA. Esto quedó muy claro en el acto organizado por sectores afines a la candidatura de Astori días pasados en el Club del Banco Hipotecario y en el discurso del propio candidato (debería publicarse, dicho sea de paso), que sintetizó las beneficiosas transformaciones impulsadas por el gobierno frenteamplista en favor del pueblo y del país, las que hoy lo colocan en condiciones de resistir los embates de la crisis originada en EEUU y extendiéndose como una plaga al mundo entero.

Por esa razón, la campaña en ciernes no debiera constreñirse al marco estrecho del casco militante del FA y sus adherentes más próximos, sino llegar a sus votantes y a quienes lo podrán apoyar en la próxima instancia, porque el Frente en modo alguno ha llegado a su techo, sino que es capaz de concitar el respaldo de muchos ciudadanos y de nuevos grupos o sectores, fundamentalmente gracias a los resultados concretos de la labor del gobierno nacional y de los ocho gobiernos departamentales frenteamplistas, que hoy toda la ciudadanía puede aquilatar en su contenido y exacta dimensión. El gobierno frentista está en condiciones de aprobar con muy buena nota este examen exigente, porque cada uno lo realiza a la luz de su propia e intransferible experiencia.

O sea, que debemos ampliar la visión hasta abarcar el escenario nacional en su conjunto. En el Congreso participaron 2381 de los 2642 delegados electos por unos ocho a diez mil frenteamplistas que pasaron alguna vez por uno de sus Comités. Esta cifra debe compararse con los doscientos mil que votaron en las elecciones para el Plenario, con el medio millón que participó en las internas y con el 1:124.761 que le dieron la victoria al FA en primera vuelta en octubre 2004. Arismendi decía, en el período de gestación de lo que hoy es la primera fuerza política del país, que la izquierda debía hablarle a un millón de compatriotas. Hoy ya se ha superado esa cifra en el número de votantes y hay que llegarle al doble, a toda la ciudadanía.

Hemos palpado estos días un fenómeno notable: el deseo de muchas personas y de grupos diversos de participar en la contienda abierta. Difunden sus sentimientos y sus ideas en reuniones informales, a menudo por mails, en forma espontánea y frescura de lenguaje. Creo advertir en muchos casos un sentimiento de frustración por las decisiones del Congreso en materia de candidaturas, la forma en que se adoptó y la actitud de los partidos que la impusieron. También una actitud de autocrítica por el vaciamiento de muchos Comités, o por actitudes de copamiento y de virtual exclusión operadas en su seno, cosa que todos pudimos apreciar. Lo importante es que ello se acompaña de la voluntad de participar en la dilucidación del tema en su etapa decisiva, y de revertir la situación generada en el Congreso.

Es probable (no seguro, ni mucho menos) que las candidaturas se reduzcan a dos, toda vez que la función principal de Marcos Carámbula consista en asegurar la continuidad del gobierno frenteamplista en Canelones y de colaborar desde el segundo departamento del país a la victoria nacional del Frente. Aun así, entiendo que la discusión del tema de esas dos candidaturas estuvo planteado en forma errónea. Lo que propuso originalmente el presidente Tabaré Vázquez fue una fórmula que pusiera en valor las mejores cualidades de cada uno: en el caso de Astori, su capacidad de gobernante, demostrada en la conducción de la economía, con los resultados a la vista; y en el caso de Mujica, con su notable carisma que facilita el vuelco hacia el Frente de una masa de compatriotas de todas las edades, sus cualidades de articulador político, de concertador de alianzas en diálogo con las otras fuerzas, lo que será de vital importancia en la durísima etapa que se avecina, con el peligro de la restauración neoliberal. En este período, para mí no ofrece duda de que quien debe estar al timón es Astori. No es una puja entre el Nº 1 y el Nº 2 para dilucidar quién sale campeón, sino quiénes están a la cabeza del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, respectivamente, sin desdoro para nadie. Todas las encuestas dicen que la fórmula de Vázquez gana en primera vuelta. La inversa, no.

Lamentablemente, no se entendió así. El resultado es que el desenlace de esta historia está por escribirse. Lo deseable es que se escriba con la participación de cientos de miles de compatriotas, que contribuyan también por esa vía a la victoria electoral del Frente el año próximo.

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