Medio siglo de revolución
El primero de enero de 2009 se cumplirá medio siglo del triunfo de la Revolución Cubana. Este acontecimiento se celebrará con una revolución victoriosa, a pesar de asedios, amenazas, agresiones y planes públicos y secretos de la potencia más poderosa de la historia, Estados Unidos, que para materializarlos se coaligó con todos los poderes y fuerzas reaccionarias que en el mundo rendían pleitesía genuflexa a la nueva Roma americana, como la calificara Martí.
En esta cruzada contra Cuba y su Revolución, participaron enemigos naturales, internos y externos, y muchos otros, obligados o no, en circunstancias determinadas de los acontecimientos nacionales e internacionales de un mundo en que los países poderosos y engreídos en vez de regirse por la Carta de las Naciones Unidas parecían -y aún parecen- guiarse por una pancarta con un código elemental de violaciones estúpidas de las normas y principios de derecho internacional reconocidos en la bendita Carta de la ONU. Esta Carta, que merecía y merece respeto, y que constituye la norma de las relaciones esenciales entre los Estados, ha sido irrespetada no sólo en el caso de Cuba, sino en cuantos casos consideraron necesario aplicar el principio bárbaro del ejercicio de la fuerza.
Así que contra Cuba se ensayó todo y se proclamó aquello, vaya usted a saber cuántas veces, de que «el fin justifica los medios». Sin embargo, en estos casos, tanto los fines como los medios fueron siempre espurios, ilegales, inmorales, deleznables, despreciables, condenables, y todos caben ser calificados como criminales. Esta es la verdad, y si hoy la Cuba revolucionaria existe y si la Revolución Cubana sigue victoriosa, es porque indudablemente en estos cincuenta años siempre se han sabido defender consecuentemente y en todos los terrenos. Ha sido de tal magnitud la defensa de todo un pueblo de su Revolución, su obra más acabada a lo largo de siglos de historia heroica, que causa asombro esta epopeya homérica de la contemporaneidad, pero que también causa rabia, mucha rabia, a sus recalcitrantes enemigos.
Si existe la Revolución es porque el pueblo cubano aprendió de su historia pasada que la división en política es la derrota y la muerte, mientras que al instaurar una nueva política revolucionaria tuvo la convicción de que la unión era lo contrario: la victoria y la vida. Si existe la Revolución hoy es porque dirigentes y dirigidos, con Fidel al frente, jamás traicionaron el juramento de no ponerse de rodillas ni inclinarse servilmente ante los enemigos, por poderosos que fuesen. Si existe hoy la Revolución con su fuerza moral intacta es porque no sólo proclamó a voz en cuello que la defenderían con una consigna de patria o muerte, sino que todo el pueblo estuvo dispuesto a morir en su defensa como demostraron miles de cubanos caídos en combate en todos los momentos en que fue preciso defenderla con la vida.
Si existe la revolución a pesar de toda la ofensiva desatada por el imperio y sus aliados contra ella, fue porque ante cada plan de ataque se le enfrentó con un plan de resistencia superior y concebido para vencer sin hacer ninguna concesión de principios, sin sentir ni mostrar miedos ante sus reales intenciones destructivas, sin ninguna vacilación en la consecución de los sueños y realidades que eran la razón de su existencia. Si la Revolución fue, es y será una fuerza impulsora de los hombres y del pueblo, ha sido porque su obra demostró y demostraba que era posible realizar en bien del pueblo lo que históricamente siempre pareció imposible, porque así lo había establecido la despiadada injusticia social, la ignorancia y el engaño prevalecientes desde siglos.
Si hoy existe una garantía de la perdurabilidad de la Revolución es porque más allá de sus propias limitaciones y de las muchas más impuestas por sus enemigos, se mostró creadora, fecunda, generosa, y repartió lo mucho y lo poco al pueblo cubano y a la humanidad a los que pertenecía. Y nadie podrá negar jamás que entre las razones principales para tantas certezas de la existencia y victoria de la Revolución Cubana, se encuentra en lugar prominente el liderazgo, la personalidad, la ejecutoria, la grandeza de la vida y la obra de Fidel Castro, que logró lo que pocas veces se logra o se ha logrado: una plena identificación entre el líder y el pueblo, entre el líder y la obra de la Revolución.
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