Fundación Ferreira Aldunate
El 9 del corriente, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, repleto, Alianza Nacional, por medio de su Fundación Ferreira Aldunate, presentó sus planes de gobierno en su primera fase como exposición de sus técnicos y dirigencia. El doctor Lacalle hizo lo propio con su orientación, en el Manuel Oribe. Las exposiciones en la ocasión estuvieron planteadas por el economista Javier de Haedo, la historiadora y educadora Ana Ribeiro, el senador Sergio Abreu y el futuro presidente la República, doctor Larrañaga.
Por lo pronto, y es de señalar que el Partido Nacional en ambas vertientes, con los matices del caso naturales, presenta una unidad conceptual, existiendo en sus grandes perfiles, las identidades ideológicas necesarias y serias para el futuro gobierno. Caso específico, el de la política internacional, respetando, como no podía ser de otra manera, las líneas antiimperialistas que desde los orígenes de la Patria Vieja supimos construir, orientadas por el ejemplar canciller Villademoros del gobierno del libertador Oribe, y que han sido el cerno formativo del «alma» blanca. Jamás se ha dicho «yanquis go home», para terminar rindiéndole pleitesía al propio Imperio, esperando «sentaditos», como en consultorio dental, a besarle las manos a Bush o Condoleezza en la estancia Anchorena, o sumisos en el FMI meses antes. Los blancos les dijimos no a todos los imperios en cualquier época. Españoles, franceses, ingleses, portugueses, porteños, brasileños, y por supuesto contra el yanqui, defendiendo a Sandino o condenando la criminal guerra del Golfo Pérsico contra palestinos e iraquíes, siendo los únicos que lo hicimos por unanimidad y por escrito. Acuerdos internacionales sí, pero manteniendo nuestros derechos de soberanía, con aquellos que sean útiles y en pie de igualdad.
Pero jamás ser imbéciles e ingenuos, creyendo en ilusorias hermandades y afinidades que son traicionadas inmediatamente, que entran a jugar los intereses comerciales, políticos o sociales de cada uno. Ejemplo del gobierno actual porteño y sus piqueteros, que en el fondo están de acuerdo en perjudicarnos y aún así, sigue yendo a «succionar calcetines» a Buenos Aires. ¡La bobera nunca fue buena consejera! ¡Artigas los conoció de siempre y jamás los quiso! ¡Fue sabio don José! Pero lo más gravitante dentro de los planteos programáticos, lo expuso Larrañaga. Será un gobierno, el blanco, de todos los orientales. O sea, la idea de coalición se basa en respetar el derecho y la representación de las minorías. Nunca se pecó de soberbias intelectualizadas y acumulación de odios con los desquites correspondientes, porque en décadas no podían ganar democráticamente, y terminar negando posiciones legítimas ganadas por la oposición.
El país es uno solo y es de todos. Si bien los blancos ganasen, Larrañaga jamás alambrará los campos. O sea, de un lado nosotros los buenos y del otro los malos que no ponen igual. En buen romance, el Frente será convocado, como también los independientes o colorados. Será un gobierno de puertas abiertas y de los más capaces, sean del pelo que sean. Se priorizará la seguridad.
No se piensa en improvisaciones con ministros hombres o mujeres que puedan, a lo mejor, cabalgar como la mejor de las «walkirias», pero que de cuerpos policiales, mantenimiento del orden, incluyendo la pasta base, y represión de la delincuencia, no saben un «pomo». No se puede seguir con la ciudadanía trabajadora y productiva con sus familias enrejadas, mientras los delincuentes «cabalgan» libremente por las calles. Tampoco y bueno es aclarar a tiempo absurdas ayudas que sólo promueven la vagancia y el vicio con el acostumbramiento de la miseria, sin soluciones culturales reales y efectivas. No se le puede meter la mano en el bolsillo al que trabaja y produce para darles a los que no trabajan ni producen, fomentando la limosna y también la delincuencia. Soluciones de trabajo y orientaciones laborales que enseñen a no vivir gratis y tener que seguir delinquiendo. Estos principios, en grandes perfiles, serán propuestas reales a cumplir por el Partido Nacional.
Festejarán sí los uruguayos todos, pero los útiles, los que trabajen, los que quieran sacar al Uruguay del subdesarrollo e insertarlo entre las naciones libres de dictaduras y totalitarismos, con prosperidad y cultura propia, no importadas o foráneas. Lugar que siempre ocupamos y que hoy tan lejos estamos. Sin mentiras ni «poses chetas», pseudoacadémicas y «equipos» inexperientes e irrelevantes». En la Fundación Ferreira Aldunate, Larrañaga muestra buena parte de los técnicos con que cuenta, y estos sí, académicos y experientes en sus áreas, incluyendo sólidos hombres públicos y políticos incuestionables. Credibilidad para las próximas batallas y palabras firmes de cumplir a rajatabla con lo dicho. ¡Vivan los blancos, carajo!
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