Desbordes sindicales bajo gobierno progresista
El conflicto que mantiene desde hace unos días un pequeño grupo de funcionarios del Canal Oficial nos obliga a insistir en un tema que ya hemos tratado en esta página pero que por desgracia algunos se empeñan en reflotar.
Nuestra trayectoria y nuestros antecedentes no permiten abrigar dudas en cuanto a nuestro compromiso irrenunciable con los trabajadores en sus justas y legítimas reivindicaciones, ya sea ante patrones privados o ante el propio Estado. Desde siempre, pues, hemos estado del lado de los débiles contra la prepotencia del más fuerte, del lado de los sin voz, del lado de los oprimidos; nunca hemos abrazado otra causa que la del pueblo y la de los asalariados.
Sin embargo, ha habido oportunidades y las hay aún en las que la irracionalidad de ciertos planteos, la injusticia de ciertos reclamos o la ilegitimidad de los medios empleados para hacer cumplir las exigencias gremiales, nos llevan a modificar nuestra postura tradicional de apoyo incondicional a los gremios en conflicto.
El caso emblemático fue el de Adeom. La intransigencia del gremio municipal, su prepotencia y sus medidas de lucha desmedidas e irresponsables nos han llevado a censurar a la dirigencia de Adeom en ciertos conflictos puntuales mantenidos con el gobierno comunal. Debemos aclarar, a esta altura, que seguimos siendo partidarios de la independencia de clase y de la autonomía de los sindicatos respecto del sistema político.
Pero ello no puede en modo alguno llevarnos a convalidar todos los conflictos, ni a aplaudir medidas gremiales injustificables. Y en aras de no crear fisuras en el movimiento popular, tampoco es de recibo soslayar los hechos, mirar para otro lado y sonreír con cara de «aquí no pasa nada».
El sindicato de municipales no es el único. Otros gremios sintomáticamente los que nuclean a funcionarios de la Administración Central han exhibido un comportamiento rayano en el desborde sindical con actitudes tipificadas en la legislación penal y que en todo caso revelan un profundo desprecio por la población, por el ciudadano común que es tomado de rehén por gremios extraviados.
No hace mucho, el senador Mujica con ese estilo peculiar que lo caracteriza dijo, palabra más, palabra menos, que «es un bollo ser radical bajo un gobierno de izquierda». José Mujica tiene credenciales suficientes y autoridad moral para dictar cátedra en la materia porque su lucha de hace cuarenta años lo llevó a enfrentar a un gobierno particularmente despótico que lo castigó con muchos años de prisión en las condiciones de rigor extremo que todos conocemos. Sobrada razón asiste al ex guerrillero y actual precandidato presidencial del Frente Amplio.
Nos consta que la mayoría de los trabajadores uruguayos discrepa con las medidas radicales y los reclamos inaceptables de algunos gremios estatales. Creemos, pues, que hay gremios dirigidos por un puñado de agitadores obnubilados en sus posturas de ultraizquierda. Son los mismos que protagonizaron los incidentes en la barra del Senado en oportunidad de aprobarse la Ley de Educación; son los que no vacilan en aliarse de hecho a la derecha para entorpecer la tarea del primer gobierno progresista en el país. Son los que saben que la represión estatal que eventualmente pueden sufrir por sus excesos (desacato, atentados, etcétera), será infinitamente menos dura que la que podría esperarse de cualquier otro gobierno.
Apostamos a que finalmente triunfen la moderación y la sensatez, y exhortamos a los militantes sindicales a rever sus posturas «izquierdistas» y a madurar políticamente.
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