A la espera de los derechos prometidos
Era el 10 de diciembre de 1948. Apenas pasados los horrores de la segunda guerra mundial. Ese día, los representantes de los 58 Estados que entonces integraban las Naciones Unidas suscribieron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documento fundador que continúa sirviendo de marco y referencia al funcionamiento de un mundo que se autoproclama civilizado.
En 2008, una cifra crea pánico: 963 millones de personas sufren de hambre a nivel planetario. Así lo señala un informe de la Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que acaba de ser publicado.
Sesenta años más tarde de la firma de aquella declaración visionaria, los Derechos Humanos viven una de sus peores crisis. En todo caso aquellos básicos, los económicos-sociales y culturales.
El casi billón de hambrientos catalogados por la FAO en el planeta representa 40 millones más que un año antes, es decir 2007. Un retroceso significativo.
El desafío de reducir a la mitad la miseria en el mundo, sintetizado en los Objetivos del Milenio, a este ritmo, está muy lejos de cumplirse. Por el contrario, se aleja.
Si se definía como meta el año 2015 para reducir a la mitad del número de afectados por la «enfermedad» hambre, a este ritmo no se llegará a cumplir antes de 2150. Es decir, más de un siglo más tarde.
Tiempo político tremendamente largo para aquellos seres empobrecidos, especialmente ubicados en el Sur geográfico (y sociológico), que sienten día a día, hoy por hoy, el impacto irreversible de la falta de alimentos.
Y si el hambre es la punta más dramática del iceberg denominado exclusión, otros indicadores oficializados por las instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial, amplifican la preocupación sobre el estado real del planeta.
Estamos en un mundo en el que 2.7 mil millones de personas sobreviven con menos de 2 dólares diarios y 1.1 mil millones con menos de 1 dólar cotidiano.
En África, la herencia colonial, el subdesarrollo y las pugnas multiétnicas -no siempre bien abordadas en las noticias- mantienen en ebullición conflictos interminables que causan miles de muertos. Allí no conocen la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Los choques armados en la República Democrática del Congo, en la región sudanesa de Darfur, en Somalia y Níger tuvieron devastadoras consecuencias para la población civil por la pérdida millonaria de vidas y el confinamiento a campos de refugiados. El respeto a los derechos de los civiles, principales víctimas de los conflictos, fue reiteradamente violado por los contendientes y objeto de denuncias de los organismos de la ONU.
Este continente presenta un endeble sistema de salud donde enfermedades prevenibles y curables en gran parte del mundo son endémicas y recurrentes como epidemias, las cuales causan todos los años miles de víctimas.
Se estima que casi la mitad de la población (468 millones de habitantes) vive en la pobreza, y la esperanza de vida promedio para los hombres es de 51,9 por ciento y 53,9 para las mujeres.
Por lo menos 17 millones de personas en el Cuerno Africano- Etiopía, Eritrea, Somalia, Djibouti y Kenya- corren el peligro de morir por la grave crisis alimentaria que atraviesa el planeta, agravada en esa región por la sequía extrema y los alarmantes cambios climáticos.
África es el continente más afectado por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH): dos de cada tres personas con sida en el mundo y nueve de cada 10 niños muertos por esa causa son africanos, según la Organización Mundial de la Salud.
Hoy, 60 años después, todavía estamos muy lejos de cumplir la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
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