La mala educación

Ya a esta altura de los hechos, estoy casi convencido de que el Frente Amplio quiere perder las elecciones. Está manejando las cosas de tal manera que todo hace pensar que, por alguna misteriosa razón, tiene como meta no ganar en octubre próximo; y creo que un operativo montado por la CIA para desestabilizar al Frente no habría resultado tan exitoso como la imagen caótica que éste ofrece al electorado.

A todo el atolladero construido a partir de la guerra de las candidaturas y de la propuesta reeleccionista (que no cuenta con el aval oficial del Presidente pero tampoco con su franca oposición, como si el doctor Vázquez se hubiera propuesto mantener y abonar el desconcierto de la militancia frentista), se suma ahora la bendita Ley de Educación para oscurecer las aguas de una interna ya bastante turbia.

Todo el sistema político estaba de acuerdo en la necesidad de legislar en materia de enseñanza. A tales efectos se convocó, muy pomposamente, a un gran diálogo nacional sobre el punto; allí se discutirían asuntos tan trascendentes como el gobierno de los organismos de enseñanza, su autonomía, los planes de estudio, los programas y, lo más importante, los fines o metas que la sociedad uruguaya debía perseguir mediante la educación y la formación de sus jóvenes.

Como no soy experto en la materia, no sé si el texto finalmente sometido al Parlamento es adecuado o no, pero lo que sí sé es que desde el pique suscitó numerosas críticas de parte de sectores involucrados en el tema, sin contar los duros cuestionamientos de la oposición política, que se quejaba de haber sido ninguneada y marginada de la discusión. Reitero que no es mi intención pronunciarme sobre el fondo del asunto, pero me alarma que se haya enviado un proyecto de ley al Parlamento que no solamente no cuenta con el apoyo de los partidos del llano (que son la mitad del país) sino que, además, es resistido por los sindicatos de la enseñanza e incluso rechazado por un sector del propio Partido de gobierno.

En cuanto a llegar a un acuerdo con la oposición, se me dirá que es muy difícil que la izquierda obtenga el apoyo de la derecha para llevar a la práctica su programa de gobierno, y reconozco que es perfectamente cierto. Pero independientemente de los previsibles palos en la rueda que pondrían blancos y colorados, el hecho en este caso concreto es que no son sólo éstos quienes tiran piedras contra el proyecto, sino que a ellos se suman nada menos que los gremios de la enseñanza –directamente involucrados en el asunto– y el Partido Comunista, uno de los partidos fundacionales del Frente Amplio, que si bien ha visto disminuido su caudal electoral, es un referente incuestionable de la izquierda uruguaya.

Correspondería que el gobierno se aviniera –con humildad– a reconocer que algo no anda del todo bien en el texto legal para que el Partido Comunista llegue al extremo de desobedecer el mandato de votar afirmativamente y esté dispuesto a someterse al Tribunal de Conducta Política.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje