Desde el llano… con esperanzas
Frente a las dificultades de hoy, vemos, sentimos, que se hace necesario rescatar el espíritu Frenteamplista del 71, ya lo he escuchado y lo reafirmo. Desde aquel entonces hasta 2004, ¡¡¡qué organización organiza construimos!!! superando «chacritas» sectoriales con la siembra en una gran «chacra» en la que cosechamos el gobierno.
Tal parece que nos hemos olvidado de algunos principios con que nos transformamos en fuertes, a tal punto fuertes, que ganamos las elecciones por mayoría absoluta en la primera vuelta.
¿Dónde quedaron aquellos principios como por ejemplo la unidad, como medio por supuesto, que es más que estar juntos, porque por ejemplo: dónde quedó la Unidad de conducción que supuso centralizar, con máxima responsabilidad y eficacia, el análisis de la realidad, los objetivos, la Estrategia y la Comunicación, para evitar esfuerzos divergentes y asegurar la Ejecución para la conquista?
¿Dónde quedó la unidad de Información y Comunicación suficiente, permanente, fluida, sencilla y sobre todo, clara?
¿Dónde quedó la unidad en el sentir y actuar con razonabilidad para el consenso, que no es sólo para elegir candidatos comunes, sino que también y fundamentalmente para conducir?, entendiendo la Conducción como la facultad, la habilidad y la voluntad de convencer con la verdad de los hechos y la razón en los argumentos ¿o la conducción es otra cosa?
Tengo el imperioso deseo, la necesidad, la esperanza de que lo anterior por lo menos esté latente en cada uno (aunque no se nota) de tener la voluntad de tener la cabeza abierta, aquella que rompía sectarismos, corporativismos sectoriales que superaba chicanerías políticas, o la pretensión de cada uno de tener la verdad absoluta o «la figurita sellada».
¿Dónde quedó el equilibrio entre la acumulación de fuerzas de los distintos sectores (no mala en sí misma) y la acumulación del FA como conjunto siendo esto lo principal? No hay que olvidar, por ejemplo, que los votos «prestados» al FA son también acumulación por esperanzas de cambios hacia lo popular.
La inquietud, hago una fuerza bárbara para que no sea amargura, es que si no logramos tener en nuestras manos el gobierno que viene, no será por la virtud de los adversarios (algunos de ellos declaradamente enemigos), sino por nuestros propios problemas que, efectivamente, deberán ser resueltos con grandeza, de la que se tuvo, y de la que se habla y necesita hoy. Esto es un problema de todos, pero fundamentalmente de los «conductores».
La confrontación de aquí en más va a ser cada vez más dura entre el FA y el PN. No digo nada nuevo, sólo sirve como referencia ejemplarizante: el Partido Colorado tuvo el grama, merecido de su dirección, de los personalismos exacerbados y se autoliquidó. A «poner las barbas en remojo».
¿Podremos recuperar aquella mística que movió la organización porque penetró el corazón de todos y todas los y las frenteamplistas? ¿Podremos recuperar aquel carisma que agregó a la verdad de las ideas, la fuerza de los sentimientos humanos? Creo que sí, que podemos, pero manos a la obra desde hoy. Esta es mi esperanza y creo que de muchos.
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