Una decisión apresurada

En medio de una situación interna en la que afloran varios asuntos urticantes debidos a diferencias entre los sectores y grupos que conforman el Frente Amplio, la información acerca de la renuncia presentada por el doctor Tabaré Vázquez a su condición de miembro del Partido Socialista vino a ensombrecer aun más el panorama en la coalición de izquierdas.

En momentos en que el conglomerado debe aprestarse a superar sus diferencias, y cuando se realizan febriles gestiones en pos de lograr consensos para que el próximo Congreso defina la fórmula presidencial que habrá de competir en los comicios de octubre del año próximo, la actitud del presidente de la República no abona el camino de la unidad y aparece como un elemento más de conflictividad. Sobre todo ante la opinión pública, hace que el Frente Amplio sea percibido como una fuerza política incapaz de resolver sus problemas y de canalizar sus diferencias internas, al tiempo que pone en tela de juicio el liderazgo que Tabaré Vázquez viene ejerciendo desde hace más de una década.

En definitiva, y sin perjuicio de reconocer su inalienable derecho a obrar como le dicte su conciencia, creemos que el doctor Tabaré Vázquez se equivocó. Y creemos que este error es consecuencia de otro error cometido antes: haber interpuesto el recurso del veto presidencial a algunos artículos de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Conste que no censuramos la postura contraria a la despenalización del aborto que tanto Vázquez como otros ilustres ciudadanos han sustentado, pues consideramos que el tema es demasiado delicado, y nuestra prédica diaria siempre ha apuntado a respetar todos los puntos de vista que pueda haber en todos los órdenes de la vida.

Por tanto, independientemente de nuestra postura suficientemente conocida a favor de la despenalización del aborto, lo que cuestionamos al doctor Vázquez es su decisión de vetar parcialmente la Ley, pues de esa manera impidió lo que ya era un clamor ciudadano en el que coincidían incluso muchos de quienes se oponen a la despenalización del aborto; estamos hablando de la posibilidad de que asunto tan sensible fuera laudado por el soberano en una consulta popular. Al haber vetado la norma –y no contando con votos suficientes en la Asamblea General para levantar el veto presidencial– quedó definitivamente cerrada la puerta de la consulta al cuerpo electoral, al menos en lo que resta de la presente legislatura.

Es de lamentar que el presidente haya desoído la sugerencia –sensata y respetuosa– expresada por el senador Alberto Couriel en las dos oportunidades en que el Senado hubo de tratar el punto. Cuando el senador emepepista lanzó su exhortación al presidente pidiéndole que no vetara la norma, no lo hizo para que la despenalización del aborto quedara firme sin más, sino para que se habilitara la interposición de un recurso de referéndum de modo tal que el pueblo se pronunciara en un plebiscito.

De esa forma, interponiendo el veto y desoyendo los reiterados reclamos de que el tema se resolviera en consulta popular, el presidente resultó vencedor pues logró imponer su punto de vista. Pero lo que seguramente el presidente no advirtió es que la victoria así obtenida tendría mucho de pírrica.

Es de esperar que el presidente revea su actitud, reflexione y dé marcha atrás en su apresurada decisión de renunciar a un partido fundacional que –con la única excepción del tema puntual de la despenalización del aborto– siempre le brindó su apoyo incondicional.

El doctor Vázquez es un referente indiscutible de la izquierda uruguaya. Ha demostrado condiciones excepcionales de liderazgo, de talento y de olfato político. Pero como todos los seres humanos, no es infalible y puede errar. Está a tiempo de enmendar su yerro.

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