EDITORIAL

Los vuelos  secretos de la CIA

E l diario El País de Madrid tiró de la manta: el gobierno de José María Aznar conocía los vuelos secretos de aviones de la CIA que hacían escala en bases españolas para trasladar prisioneros al centro de torturas de la base norteamericana de Guantánamo, en territorio usurpado a Cuba. Esto se mantuvo en riguroso secreto, y recién ahora se destapa mediante la publicación de los documentos respectivos. Pero eso se hacía no solo en España, sino en varios países de Europa, en violación flagrante de la ley internacional.

El 30 de noviembre, el matutino español publicó un documento fechado el 10 de enero de 2002 y clasificado de «muy secreto», en el que EEUU solicita al gobierno de Aznar (1996-2004) que esos vuelos puedan aterrizar en bases en territorio español. La comunicación enviada al ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, tras una entrevista con un consejero político-militar de la embajada de EEUU en Madrid, señala que «los EEUU van a iniciar muy próximamente vuelos para trasladar prisioneros talibanes y de Al Qaeda desde Afganistán hasta la base de Guantánamo en Cuba», y a esos efectos solicitan la autorización. Las bases concernidas en España son Morón, Rota y Torrejón. El diario dice que ese documento, al que ha tenido acceso, «demuestra que el gobierno de José María Aznar sabía que aviones de EEUU que sobrevolaban y hacían escala en España llevaban a bordo a personas detenidas en condiciones cuya legalidad era más que dudosa» (y que además iban directamente a los centros de tortura). El diario contabiliza cinco vuelos a Guantánamo que hicieron escala en las bases militares de Rota y Morón de la Frontera (sur) y otros tres que sobrevolaron el espacio aéreo español entre 2002 y 2006. Otras estimaciones multiplican esta cifra. Un informe presentado por Amnistía Internacional afirma que alrededor de 200 detenidos en Guantánamo llegaron allí tras cruzar el espacio aéreo español, y agrega que entre 2002 y 2007 más de 90 vuelos de aviones presumiblemente vinculados con la CIA, con origen o destino Guantánamo o centros de detención secretos en otros países, hicieron escala en bases españolas. Mariano Rajoy, presidente del PP y fracasado candidato contra Rodríguez Zapatero a la jefatura de gobierno, y que en aquellos años era ministro del Interior, dijo que no sabía nada, que «lo desconocía absolutamente» y nunca había hablado con nadie al respecto. Era presumible. También era presumible que la embajada estadounidense en Madrid declarara que ellos no se habían apartado del convenio bilateral que mantienen con España en materia de defensa, o sea, que no transportaban «pasajeros o carga que pudieran ser controvertidos por España». En cambio, no es posible olvidar que la invasión a Irak, en violación total de la ley internacional, se gestó en una reunión en una isla en medio del Atlántico entre Bush, Blair y Aznar, precisamente. Y que todos los hechos que ahora se denuncian con las pruebas documentales derivan en línea recta de aquella decisión. El actual gobierno español, que accedió en 2004, declaró el mismo día de la publicación, a través del ministerio de Asuntos Exteriores, que «no tenía constancia de la existencia de ese informe y no fue informado por el equipo anterior», agregando que «no permitió ni permitirá ninguna violación de los mismos en relación con los llamados ‘vuelos de la CIA'».

Decíamos que otros gobiernos europeos incurrieron en estas prácticas. Ignacio Ramonet señalaba el 9 de marzo de 2007 en Le Monde Diplomatique la complicidad flagrante de varios de ellos con la CIA en el secuestro clandestino de decenas de sospechosos arrastrados hacia prisiones secretas y a la tortura. En un informe del Parlamento europeo de Estrasburgo se indicaba que entre 2001 y 2005 los aviones de la CIA hicieron no menos de 1.245 escalas en aeropuertos europeos, llevando a bordo sospechosos víctimas de desapariciones forzadas conducidos ilegalmente a Guantánamo o hacia prisiones de países cómplices, como Egipto o Marruecos, donde la tortura es una práctica habitual. Es más: Polonia y Rumania habían organizado en su territorio «pequeños Guantánamos» donde eran encarcelados, a la espera de su traslado definitivo, personas secuestradas en Afganistán, Pakistán y otros lugares. También el gobierno británico habría participado en estos menesteres, lo mismo que Alemania e Italia. Contaban con la complicidad del responsable de política exterior de la Unión Europea, Javier Solana. En estas condiciones, el coordinador europeo de lucha antiterrorista, Giis de Vries, renunció, declarando que «la acumulación de malos tratos en Abu Ghraib, los abusos en Guantánamo y los secuestros de la CIA han socavado la credibilidad de EEUU y de Europa». El episodio que hoy se denuncia se inscribe en este cuadro.

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