Debate interno en el Herrerismo

¿Dónde está la propuesta programática, dónde están las ideas y la pasión política?

Democracia no es votar cada cinco años.

Avanzar y profundizar la democracia quiere decir impulsar la realización de asambleas, como esta llevada a cabo ahora por el Herrerismo, en las que los asuntos políticos sean objeto de un debate amplio y franco, en el que no se escatime la expresión de diferencias de opinión cuando existen.

En ese aspecto, la reunión celebrada el pasado lunes en una sala del Montevideo Shopping constituye un elemento positivo de transparencia y sinceramiento político.

Pese a sus notorias dificultades internas, el Herrerismo opta por el camino del debate abierto y busca regular sus diferencias a través de la discusión democrática. Es un hecho positivo para todo el sistema político.

El punto a discutir era el balance de los resultados electorales y los problemas de conducción del sector.

Si nos atenemos a las fuentes del propio Herrerismo, publicadas con bastantes detalles en el diario El País, los cuestionamientos a la conducción de Lacalle estuvieron centrados en su desempeño en las campañas electorales de abril y octubre de 1999, que colocaron al Partido Nacional, al decir de un participante, en «un ridículo tercer puesto».

La cuestión de la corrupción durante el gobierno del doctor Lacalle fue abordada. El enunciado, sin embargo, es curioso. No es el problema de la corrupción sino «la campaña de denuncias de hechos», lo que parece preocupar a algunas dirigentes herreristas.

No se habla de corruptos sino de «compañeros que no estuvieron a la altura de las circunstancias cuando les tocó ejercer cargos de gobierno». Este eufemismo no explica las decisiones punitivas de la Justicia con relación a esos «compañeros» que realizaron alguna predatoria sobre el patrimonio del Banco de Seguros, por ejemplo.

Según da cuenta El País, algún dirigente fue más lejos y atribuyó las dificultades electorales a la «conspiración de Juan Andrés Ramírez». Como reflexión autocrítica no parece demasiado sutil.

Otros tramos de la discusión, que insumieron al parecer un tiempo considerable tienen que ver con las divergencias entre la lista mayoritaria, la 71 liderada por Luis Alberto Heber y la 400 por la señora Julia Pou.

La fuente indicada habla del malestar provocado en el sector por la gran cantidad de cargos que fueron para la corriente de la senadora Pou.

Los otros temas abordados son de naturaleza similar: los efectos de la pérdida de confianza entre los distintos dirigentes herreristas, la necesidad de asegurar una estabilidad política al sector con independencia del factor personal que emana del su líder actual, el eventual manejo de candidaturas para las elecciones de 2004, la posible creación de una secretaría general, etcétera.

La enumeración muestra la ausencia de encare de la situación nacional con una mirada propia, con punto de vista de soluciones para los problemas de la gente que tenga el sello de su propia identidad política.

Una corriente política moderna y dinámica, como se aspira a construir por parte de la conducción herrerista, presupone algo más que ponerse de acuerdo en las cuestiones de los cargos, de los desmentidos y de las candidaturas.

Supone una identidad que el sector, y el propio Partido Nacional, están amenazadas a ver cómo se desvanece, a partir de su adscripción a los lineamientos del gobierno colorado.

Más allá de las luces y sombras que puede aportar el dinámico y discutido líder herrerista, este problema ya hizo su aparición con la alianza entre Sanguinetti y Volonté, en el período anterior: y resulta por demás evidente que el gran perjudicado resultó a la postre Manos a la Obra y el Partido Nacional.

De las grandes encrucijadas el Partido Nacional, como el Colorado, han salido en aras de procesos de renovación programática y hasta sentimental vigorosos, como el llevado adelante por el señor Wilson Ferreira Aldunate a partir de 1968.

Pasa por propuestas nacionales como «Nuestro Compromiso con Usted», con el ejercicio de la acción política y parlamentaria con toda la potencialidad de las instituciones.

Ideas, programa y pasión y todo lo demás «será dado por añadidura», como le gusta decir al señor Lacalle.

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