Patada de burro viejo

Cursilerías simétricas

Como veremos, tanto en Uruguay como en Suecia se producen confusiones simétricas, cursis ellas. Acá en nuestro país, si se pone un nombre extranjero a un comercio o un producto, quien lo apadrina o bautiza cree que así resulta más fino o distinguido. Así nos encontramos con denominaciones de negocios o productos que pueden ir de Rent a car a Budget o bien de Rhino-Linigs a Harrington, o acaso de Shopping Center a The Brighton. Todos ellos nombres ingleses o por lo menos anglosajones.

En otros tiempos, antes de la transformación del inglés en lengua imperial globalizada, lo distinguido podía ser francés, lengua en auge medio siglo atrás. Por eso todavía quedan nombres de comercios como Chic Parisien o La Silencieuse, entre otros.

Todo esto no es sino cursilería, afectación, tontería, ausencia de espíritu crítico. Gómez de la Serna decía que lo cursi era la afectación de exquisitez, palabras más o menos. Y tenía razón porque todas estas denominaciones son tan tontas como cursis pese a que puedan halagar o fascinar a cierto público medio.

Pero no cometamos el error de creer que este fenómeno es privativo de nuestro país o nuestro continente. Nos equivocaríamos a fondo.

En el caso de Suecia, por ejemplo, un país de lengua de origen germánico igual que Inglaterra, lo fino, lo distinguido es utilizar nombres de raíz latina para los comercios y productos. Porque allí lo anglosajón es de segunda categoría al lado de lo latino, hispánico o italiano.

Así se dan comercios que se llaman Bravo, Tarta o Pepita, esta última una marca de ropa de primera calidad muy conocida y valorada en toda Suecia. O acaso podemos encontrarnos con nombres como Vivo, Camilla o Corona. Agreguemos a esto que una de las mayores cadenas de supermercados se llama nada menos que Domus, de imposible denominación más latina, y Ellos, una cadena de tiendas.

Como vemos, allá o acá o donde sea, lo mejor, lo más distinguido o lo más fino parece ser lo extranjero, aquello que además de sonar distinto, sugiere mundos diferentes. Igual aquí que allá.

Pero no quiero olvidarme de una denominación sueca que no es ni más ni menos que Laputa, así con el artículo y el sustantivo fundidos en una sola palabra, nombre que fue elegido tal quién sabe por qué razón, pero que, obviamente, allá no tiene connotaciones económico-concoidales ni de apologética prostitutiva.

Está bien claro que Laputa no le dice nada al ciudadano medio de aquel hermoso y generoso país, aunque a nosotros encontrar tal nombre nos provoque una sonrisa burlona, como le ocurrió al suscrito en las cercanías de Malmö… o en Malmö mismo…

Si acaso quisiéramos poner un nombre sueco a nuestro posible negocio futuro, por favor no le pongamos Stjärt ni Bak ni Anda porque tales expresiones en sueco quieren decir cola y culo, simplemente, si acaso no me estoy equivocando o confundiendo, aunque creo que no…

¿Acaso tales nombres no nos parecerían elegantes o finos mientras no conociéramos su significado en nuestra propia lengua?

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje