El consenso

Movimiento «20 de Mayo» Frente Amplio Del Pueblo.

Convengamos que el horizonte de la «fórmula» del FA para las elecciones presidenciales se despejó un poco.

Ahora sabemos que Astori no quiere jugar de dos. (¿Faltaba que nos lo dijera?) Y el Pepe que antes podía agarrar hasta de barrendero, si se lo pedía la gente, tampoco tiene ahora motivación para ir de dos… de Astori. O sea que el tema de las duplas «prefabricadas» en la «cocina» cupular, felizmente se desinfló y está fuera del orden del día del Congreso. Puede hablarse de otras duplas, pero no de «esa».

Claro que se sigue oyendo, como en el Infierno de Dante, un coro de gemidos pidiendo desesperadamente «el conshensho» en el Congreso, como si, en el «no ir a las internas», les fuera la vida.

El «conshensho» es como las reuniones de familia. Antes, vos ibas y se reunían en la misma mesa para la «raviolada», los abuelos, los hijos y los nietos. Nadie se movía, y todos hablaban con todos. Ahora, los nietos, si son chicos y todavía vienen, se «juntan» alrededor de la PC o del Play Station, y hacen «rancho aparte». Los hijos también se reúnen espontáneamente por «generación», amuchados entre ellos. Y los viejos tenemos que viajar de una a otra reunión, para que parezca que estamos todos juntos.

A mí me gustaría que las reuniones fueran como antes. Pero no lo son.

Con el consenso pasa lo mismo. Nos gustaría que hubiera y que nos quisiéramos como antes, nos uniéramos como antes, y hubiera consensos naturales. Sin fórceps. Pero ni nos queremos, ni estamos dispuestos a unirnos, porque eso significa arriesgar la «banquita» o la «chacrita». Y porque en la «colcha» hay algún «retazo», cuyo color le rechina al otro «retazo». Y eso es así. Es la verdad. Aunque nos duela, pero no tanto como para impedirlo.

Querer jugar al «conshensho» en el Congreso, en estas condiciones actuales, resulta infantil.

Y hay un camino mucho más limpio y despejado. Luego de haber aprobado concienzudamente el Programa, lo que permitiría indispensablemente, a algún candidato honesto, no dispuesto a cumplirlo, a renunciar, avalar a los «presidenciables» que queden, para que vayan «en igualdad (?) de condiciones». Y punto.

Lo demás se resuelve en las «internas».

Esta fórmula es la que indica el menos común de los sentidos.

Se organizan las internas. Ello significará una movilización natural importante, pues se está votando «por algo» que duele. Van a venir a votar tirios y troyanos. Todos los que de alguna manera piensan votar al FA, y algunos, aun dudosos y hasta alejados de «lo político», incentivados por «lo que está en juego». Y sale limpiamente, a través de una elección con participación popular máxima, el presidenciable más votado, como candidato.

Y éste, con total libertad, sin las falsas ataduras de las duplas prefabricadas cupularmente, elige a su compañero de fórmula, dentro de la empatía ideológica, como corresponde.

Y cuando la prensa le pregunte al más votado, la noche del recuento, si se va a abrazar con el «segundo», le dirá como dijo Tabaré : «Si nos abrazamos, no lo van a creer ni los Reyes Magos». ¿ O ya no se acuerdan? Y eso que, en «esas», Tabaré era «el caballo del comisario», y corrió sólo. Y después, pasados los años, todos amigos y hasta, se puede dar que el «segundo» termine como delfín del primero. Que lo recomiende desde la Presidencia, para el otro período siguiente. Como acaba de pasar. ¿Viste como la realidad te mata los «cucos» y te muestra que no hay drama?

Los que tienen miedo a desaparecer, si les fuera mal en las internas, es porque seguramente desde los cargos de «decisión» que han obtenido como mandatarios de sus votantes, no han hecho lo que la gente esperaba que hicieran desde el gobierno.

Y eso no se arregla ignorando a la gente e imponiendo antidemocráticas decisiones de cúpula en el Congreso. Para arreglar eso, ya es tarde. Tarde piaste, decían en mi casa.

Aunque, matemáticamente como pasa con la celeste, sigan teniendo chance.

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