Millones esperan el cambio
La Presidencia de EEUU, un país con una historia negra en cuestiones raciales, ahora es ocupada por un ciudadano negro, hecho que muestra un cambio político en la sociedad estadounidense, y repercute en toda la aldea global del mundo actual. Un avance de la historia, un mensaje alentador para todas las personas postergadas, un ejemplo para la juventud, quizás el hecho más sobresaliente de los últimos tiempos. Sin embargo, abre una gran incógnita: ¿Habrá un cambio en el destino de los Estados Unidos? ¿Habrá un cambio en las relaciones internacionales? ¿Habrá cambiado la silla presidencial? O simplemente será el cambio de un presidente más, aunque de otro color, el que se siente en el trono imperial hasta las próximas elecciones.
¡Sí se puede!, «esperanza y cambio», «cambio y esperanza» fueron las palabras prometedoras del discurso proselitista de Obama durante la prolongada contienda electoral. Primero enfrentando a Hillary Clinton, y luego al candidato republicano, McCain, en medio de una de las peores crisis que atraviesa esa nación. Obama recibe un país en quiebra. Un déficit trillonario entre el Wall Street y el sistema bancario; el cierre de un millón doscientos mil puestos de trabajo en el presente año, un efecto dominó en las pequeñas empresas y el dólar devaluado. Recibe dos guerras costosas tanto económica como humanamente; un pueblo afectado que paga los impuestos y las consecuencias, además de poner los muertos mientras otros se llevan las ganancias. Una ciudadanía que sufre silenciosamente el encarecimiento de la canasta familiar, el alza de la gasolina, el incremento de la delincuencia, la escasez de fuentes de trabajo, el sistema de seguridad social deficiente, los servicios de salud cada vez más inaccesibles por los costos exagerados, el sistema crediticio usurero y descontrolado. Todo esto sumado a una creciente impopularidad en el ámbito internacional. Por el momento, el suceso racial e histórico ha eclipsado la recesión económica y el malestar social interno. La historia del hijo del emigrante africano y musulmán hecho presidente, redime las conciencias de la ciudadanía blanca, y reposiciona el «sueño americano» del país de las oportunidades. El factor de alto riesgo para el nuevo presidente es la expectativa despertada en la opinión pública, tanto nacional como internacional. Cuando la expectativa es muy grande, es muy difícil cubrirla, porque ésta es siempre más grande que la realidad. El presidente debe elegir entre dar una respuesta a los millones de ciudadanos postergados, quienes votaron desde su álgida situación por el cambio y la esperanza o devolver la inversión a los poderosos empresarios que financiaron su costosa y prolongada campaña. La respuesta está en las manos del nuevo mandatario, cambiar la historia en forma trascendental o simplemente cumplir un período presidencial más, ratificando la percepción de que demócratas y republicanos son dos almas gemelas esforzadas en mostrar diferencias.
Si bien todos festejamos el cambio, de la histórica silla de la señora Rosa Parks, aquel 10 de diciembre de 1955, a la actual silla de Obama en el presente año, conquistada a través del voto popular, no olvidemos que esto no habría sido posible sin el logro del derecho al voto universal obtenido por el reverendo Martin Luther King y los activistas de la época, voto que le costó la vida a él y a muchos que pensaban igual que él. También nos preguntamos, el presidente avanzará en la historia grande, tomará las banderas libertarias de la dignidad de la señora Rosa Parks, el mensaje de justicia bíblica y desobediencia civil del reverendo Martin Luther King, la inspiración del legendario Malcom X, o se conducirá por los oscuros corredores del poder como la temida Condoleezza Rice, y calzará las autoritarias botas de Colin Powell, blandiendo la costosa espada de este, a nombre de una libertad cuestionada, una democracia comercial pactada, y un destino prefabricado. La historia ha avanzado, de la silla de aquel viejo autobús a la primera silla de la Casa Blanca; pero, ¿habrá cambiado la silla presidencial? ¿Habrá un cambio con la victoria de los demócratas y la derrota de los republicanos? O simplemente el cambio será el color del presidente. La respuesta la tiene el nuevo mandatario.
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