Respuesta a una nota llena de odio
Con una mezcla de enojo y dolor leímos aquí hace pocos días la nota del ex embajador palestino en Argentina Suhail Hani Daher Akel, titulada «Sintomático silencio con la muerte de Arafat». Enojo, por las mentiras y distorsiones. Dolor, por el odio con que escribe quien supuestamente representaba a la parte de los palestinos «favorable» al proceso de paz. ¿Qué deja entonces para los enemigos de la negociación?
El autor ni siquiera disimula el intento de mostrar a la cúpula israelí como extraña y ajena a su tierra (al decir, por ejemplo, «el polaco Shimon Peres, el iraní Shaul Mofaz y el hijo de rusos Ehud Olmert….»).
¿Habrá olvidado u omitirá intencionalmente que nunca hubo en esta tierra un estado árabe palestino y que hace ya milenios hubo un primer Estado judío, con Jerusalem de capital? ¿Y que en medio, hubo un exilio forzado que fue el que provocó la dispersión, previa al regreso?
El tema central de la nota que hoy criticamos , es Yasser Arafat y su inventado envenrnamiento.
Lo que sí estaba envenenado era el ambiente. En la muqataa, la residencia de gobierno palestino en Ramallah, donde muchos palestinos lloraron a Arafat, habíamos presenciado encuentros que helaban la sangre.
Cuando estaba bloqueado en sus oficinas (lo cual era producto de una decisión israelí motivada por la recurrencia de los atentados y del hallazgo de documentos que demostraban el rol del propio Arafat en la financiación del terrorismo), Arafat recibía numerosas delegaciones palestinas.
En uno de esos encuentros, con alumnos de primaria, Arafat encabezaba un coro, entusiasmando a los niños a cantar. Las perfectas rimas en árabe no suenan tan fuerte traducidas al español, pero su contenido era claro: «Millones de mártires («shuhadá» en árabe) en camino a Jerusalem».
«Mártires», o «shuhadá», es la palabra con la que los palestinos hacen referencia también hoy a todo aquel que muere en un choque con Israel.
Los terroristas suicidas que explotaban en un ómnibus repleto de gente no eran la excepción, sino su ejemplo más destacado. Y esa era la imagen que Arafat admiraba ante los niños de su pueblo…
Arafat gustaba mucho de esa frase «la paz de los valientes». Pero mucho más valiente que él fue su sucesor Mahmud Abbas- a quien extrañamente el ex embajador ni menciona- que no tuvo nunca doble discurso.
Arafat hablaba en inglés ante occidente sobre «la paz de los valientes» y en árabe, en favor de la intransigencia, mientras que a Abbas (Abu Mazen), lo oímos hablar en árabe, ante su propia audiencia, en campamentos de refugiados en Gaza, en favor del diálogo y contra la violencia. Eso es valentía, sabiendo que ello le podría costar su pellejo.
Otro elemento especialmente preocupante de la nota es que el autor, casi sin disimulo, trata de comparar la hecatombe del pueblo judío, con la situación de los palestinos, al decir que el ex jefe del Estado Mayor y ministro de Defensa Shaul Mofaz era el ideólogo de la «solución final» para aniquilar la intifada.
Afortunadamente, numerosos uruguayos judíos y no judíos, de todas las edades, alumnos de primaria y liceales, han visitado la muestra Shoá que se presentó en el Subte municipal. Por lo tanto, confiamos en que ninguno de todos aquellos que lo han hecho, podrá contarse entre los engañados por el lenguaje de odio.
En el Holocausto hubo una «solución final», ideada para erradicar al pueblo judío de la faz de la tierra, con Europa como primera etapa. Lo que hay entre Israel y los palestinos, es otra cosa totalmente diferente: un conflicto en el que Israel actúa para defenderse. ¿Comete errores? Claro que sí. Pero no intenta aniquilar a los palestinos, sino terminar al terrorismo.
El ex embajador se despide de Arafat como «comandante». Quizás si en algún momento Arafat hubiese comprendido que sería mejor quitarse de una vez el uniforme (del cuerpo y de la mente), todo hubiese andado mejor…
«Hasta la victoria»-escribe. ¿De quién? ¿De Abbas que quiere un estado mediante la negociación y sin el terrorismo? ¿O de Hamas que habla en el mismo tono que el ex embajador?
«Hasta Jerusalem», termina.
No está claro todavía si habrá cambios en el futuro político de Jerusalem, aunque no pocos israelíes, con tal de avanzar hacia la paz, consideran que no hay que descartar dividir la ciudad. No es seguro que ello se concrete, en absoluto.
Lo que sí es seguro, un hecho concreto, no una idea, es que Jerusalem es la capital del Estado de Israel. Y lo seguirá siendo también cuando se logre la paz.
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