La reelección imposible y el nacimiento del vazquismo
El presidente dijo que no quería la reelección, pero ahora desde su círculo íntimo comenzó la recolección de firmas para reformar la Constitución, dejando mal parados a los demás precandidatos frentistas en campaña.
Ante la prensa firman sus ministros, sus legisladores y sus dirigentes más cercanos. Se abren locales y se instalan quioscos por doquier para recoger las firmas en cuidadas boletas con foto presidencial incluida en cada una, todo pensado cuidadosamente como para que no haya dudas de quién y para quién se trata.
Un legislador del partido de gobierno, contrario a la reelección, anunció que formularía eventuales denuncias a los organizadores de la campaña reeleccionista, ante el órgano disciplinario frenteamplista, generando la inesperada reacción pública del mismo presidente de la República.
En lugar de descartar una vez más la reelección y calmar las aguas, Vázquez optó por ser elíptico, habló de hacer profundos silencios en siglas y acumuló certezas encontradas, por cuanto días atrás había reflexionado públicamente sobre el derecho al cambio de opinión según las circunstancias.
El sector político mayor en el gobierno, que además tiene su propio precandidato presidencial, reaccionó con dureza nunca antes vista, en especial cuando el presidente que lo debe ser para todos los uruguayos y tiene prohibido absolutamente hacer política partidaria se dirigió por los medios a su diputado rebelde y lo emplazó a que si denunciaba a los organizadores de la campaña ante el tribunal de conducta política del Frente Amplio, primero que a todos lo denunciase a él personalmente.
El presidente de la República, en pleno ejercicio de su altísima investidura y para defender a quienes juntan firmas, se ofrece a ser juzgado él primero por un órgano partidario que regula conductas políticopartidarias, cuando hacer política es una actividad que a un presidente le está constitucionalmente prohibida.
La reacción del grupo mayoritario del partido en el gobierno no se hizo esperar. Se trata del mismo movimiento al que pertenece el legislador cuestionado por el primer mandatario cuando bajó al ruedo que le está vedado.
La respuesta fue intensa, inmediata y gravemente adjetivada por los dos más altos referentes del sector y se hizo ante todos los medios de prensa disponibles.
Impactó ver los noticieros de ese día. Los rostros, gestos, tonos de voz y la dureza pausada de expresiones firmemente acuñadas, que citaban además fuentes propias de información que les indicaban que el Presidente quería ser reelegido y no lo decía como debía.
Hace tiempo, escribimos en estas páginas las razones por las que el Presidente seguramente no tiene interés alguno en ser reelegido para el próximo período, ni aunque tuviera chance y se pudiera.
Ahora aquella presunción es casi una certeza indiscutible cuando quedamos en medio de la crisis y ya comprometimos nuestras reservas endeudándonos en cuatro mil millones de dólares más, sobre los catorce mil que ya debíamos, en medio de la hasta ayer no más, mayor bonanza de que se tenga memoria en la región.
Llega el fin de esa bonanza económica externa, con un sistema económico atado a una situación que se extingue aquí y en todo el mundo, que se suma al natural desgaste de ejercer el gobierno, que será mayor en medio de las dificultades.
Terminará el tiempo único vivido en este período de gobierno que termina en poco más de un año, de ministros, jerarcas de los entes públicos y Parlamento, dominado absolutamente por el gobierno, sin riesgo de interpelación ni comisiones investigadoras ni censuras, pase lo que pase.
Hoy está dicho por sus más altos dirigentes que la próxima elección les está muy comprometida. Saben, como todos, que nadie ganará en la primera vuelta si todo está como hoy dentro de un año, y que en la segunda vuelta la oposición estaría hoy ganando el balotaje.
Saben los reeleccionistas que, para la Corte Electoral, el procedimiento impulsado es absolutamente inconstitucional. Pero el tema de fondo no es la reelección, que no la habrá.
En Uruguay parece estar naciendo por estas horas el vazquismo, como corriente política autónoma, y nacerá desde la entraña misma del gobierno. Comenzó el proceso cuando cambió el gabinete ministerial y el Presidente se quedó con los ministros más cercanos y los líderes de los demás sectores de su partido debieron salir a la intemperie.
Esta recolección de firmas en hojas individuales con la foto del Presidente sonriendo, parece ser un procedimiento ingenioso para legitimar con miles de firmas el nacimiento de este nuevo sector político. De allí quizá la radical reacción de quienes ahora lo ven en competencia en el terreno político partidario interno.
El Presidente hace silencio. Pero poco importa si quiere o no la reelección, porque igual la recolección de firmas seguirá, y cuando se estimen suficientes y sobre esa base documentada, habrá de nacer oficialmente la nueva organización política vazquista.
Todos saben que la reelección no es posible ni constitucional ni procesal ni políticamente, pero ya se concibió un proyecto político en torno al Presidente que está en marcha y que no se dejará abortar.
El Presidente dijo hace unos meses que no se lanzaría a la reelección para no dividir al país y para no generar inestabilidad institucional, pero hoy entre dichos y silencios deja hacer a los reeleccionistas, mientras avanza el proyecto vazquista.
La realidad ya no les asegura el triunfo electoral y el complejo esquema frentista teme a una elección interna abierta como marca la Constitución para todos los partidos y se sacude ante la complejidad de tantas visiones antagónicas operando al mismo tiempo.
De todos modos, para saber que pasará, queda muy poco tiempo por delante.
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