Más servicios de Inteligencia a manos militares

Últimos días del monarca

El 21 de diciembre pasado, el presidente Sanguinetti dictó un decreto creando, en la órbita del Ministerio de Defensa Nacional, un nuevo organismo de inteligencia dotado de una amplia gama de poderes sobre distintas fuentes de información del Estado: Cancillería, Ministerio del Interior, etc.

El nuevo organismo, el «gran hermano» que supervisará toda la información disponible en el Estado, se denomina Dirección Nacional de Inteligencia del Estado (Dinacie).

El decreto ya ha suscitado varios pronunciamientos críticos y se anuncia que en el Directorio del Partido Nacional se examinarán, mañana lunes, varios informes jurídicos que asesoran al organismo partidario sobre la discutible legalidad del decreto.

El decreto presidencial del 21 de diciembre tiene la «marca en el orillo» del estilo Sanguinetti.

Para empezar, tratándose, como se vio después, de una zona delicada, el decreto no debió emitirse «a la chita callando» ,a espaldas de la opinión pública, como un mero acto administrativo del Poder Ejecutivo.

¿Por qué decimos que es una zona delicada?

En primer lugar porque roza aspectos institucionales complejos y polémicos: las áreas respectivas de acción del Ministerio del Interior (la órbita policial) y el Ministerio del Defensa Nacional (la rama militar) del sistema institucional debe tener, de acuerdo a lo que marca la Constitución, áreas de acción perfectamente delimitadas, correspondiendo a Defensa la preservación de la paz, la integridad territorial y la defensa de las fronteras. Y no más allá.

La «opción por los militares» fue inmediatamente percibida en las esferas policiales desde donde surgieron sendas críticas al decreto tanto por parte de funcionarios de carrera del área de inteligencia como el Círculo Policial.

Se señala que el contenido del decreto vulnera la Ley Orgánica Policial y «se arroga para sí competencia sobre terrorismo, narcotráfico, y otros temas de Seguridad del Estado, ignorando la competencia de distintos órganos especializados dependientes del Ministerio del Interior».

En segundo lugar, la inteligencia del Estado atañe a bien esencial a preservar en el Estado de Derecho: la libertad.

Por su naturaleza de principios, ideológica, esta materia, la libertad y todas las cuestiones que le atañen o amenazan, deben ser examinadas a la luz pública y no es bueno, como es rutina en el «estilo Sanguinetti» que las cosas se resuelvan en el Poder Ejecutivo, y la sociedad, la prensa, los partidos, el Parlamento los pueden discutir… ¡dos meses después que el presidente los puso en práctica!

El decreto de creación de la Dinacie, la nueva institución encargada de recabar toda la información estatal, está fundado (porque para estas cosas «letra» nunca falta) en la pretendida necesidad de modernizar los servicios de inteligencia del Estado.

A ese fin el decreto establece mecanismos de «coordinación» entre el nuevo supraorganismo y el Ministerio del Interior.

Es justamente desde fuentes de la jerarquía policial que se advierte «el riesgo que a través de la Dinacie, el Ministerio del Interior quede subordinado al de Defensa.»

Las mismas fuentes policiales alertaron sobre la hipótesis de que se produzca una situación de manipulación y privilegio de la información.

Según el semanario Búsqueda, La Dirección Nacional de Inteligencia e Información (DNII) de la Policía «sostuvo que el sistema llevaría a una militarización de las distintas agencias y especuló con que la nueva estructura de inteligencia militar se encuentra orientada a conservar su poder actual y ganar espacios.»

En tercer lugar, en este país nadie puede ignorar que sobre los servicios de inteligencia militar, el S.I.D., en particular, existen, sin aclarar, pesadas acusaciones referidas a su actuación en el período de dictadura cívico militar. A ese organismo y a ese Ministerio al que ahora Sanguinetti amplía en sus poderes, se lo está acusando, en sede judicial, de tener la responsabilidad principal en el delito de los detenidos desaparecidos.

«Genio y figura», Sanguinetti continúa, hasta los umbrales mismos final de su mandato presidencial, obstinado en su política de centralización, secreto y militarización de aspectos esenciales del aparato del Estado.

Y lo hace con su estilo, sin consultar con nadie, ni siquiera con sus aliados del Partido Nacional o con las jerarquías técnicas de la Administración que él mismo preside y que actúan en este momento en esa área.

Ese es el estilo. Esas son las críticas, fundadas y sustantivas que le hacemos a la gestión de Sanguinetti.

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